domingo, mayo 20, 2018

Domingo, elecciones en Venezuela



Queridos compatriotas, quizá no me conozcáis, me llamo Maduro, otros me llaman Nicolás. Desde hace cinco años, estoy dirigiendo los asuntos de esta república que tiene petróleo bajo la tierra. Os aseguro que, aunque dé la sensación de que llevo en el poder veinte años, solo llevo cinco. Después de un quinquenio de ejercer mi peculiar visión de lo que debe ser una democracia tropical bolivariana, he llegado a la conclusión de que preciso que me deis vuestra confianza durante cinco años más. Os pido que no frustréis este pequeño deseo que os pido. 

Hasta ahora no he podido realmente gobernar, porque he necesitado tiempo para hacerme una idea de los verdaderos problemas del país. Pero ahora, ¡ahora sí!, me voy a poner manos a la obra. Solo un insensato no me proporcionaría cinco años más justamente en un momento en que puedo empezar a hacer algo por esta tierra y sus habitantes. Insisto, sería inadmisible entender que no me dieran el voto ahora que voy a trabajar con ilusión.

Es cierto, no lo niego, que en el país hay ciertos problemas, ciertas carencias. Pero todo tiene una explicación muy comprensible que se resume en una sola palabra: Plutón. Sí, Plutón. Durante los próximos cinco años, os intentaré explicar esta palabra.

sábado, mayo 19, 2018

Harry y Megan, felicidades a los novios, príncipes de una sociedad divorciada del Evangelio



He visto un resumen de la boda del príncipe Harry y Megan. Estas cosas les gustan tanto a la gente. Siempre me he mostrado a favor de instrumentalizar todo esto a favor de la idea de Estado. Que el Estado no sea una maquinaria fría e impersonal, sino que tenga esta dimensión estética. 

Soy un antimonárquico totalmente a favor de que la ópera siga en escena. Con fervor republicano digo: the State show must go on. Porque si no, solo tenemos el Código Penal, Hacienda y las medallas al mérito al trabajo.

Ahora bien, la princesa Kate abandonó el catolicismo para casarse con William; la princesa Megan abandonó lo que sea para hacerse anglicana; digo “lo que sea” porque lo he buscado y no se ponen de acuerdo los periódicos importantes. Con todo esto, comprobamos, una vez más, el postcristianismo de nuestra sociedad. Hoy soy esto, pero mañana puedo abrazar cualquier cosa si la boda lo requiere.

No creo exagerar si afirmo que el 70 o el 80% de los que se confiesan cristianos en Europa, estarían dispuestos a añadir a sus creencias a Buda, a Zaratrusta o a Visnú en pie de igualdad con el Concilio de Nicea o los de Constantinopla.

Todas nuestras parafernalias tienen lugar en un escenario que se va a derrumbar antes de diez años. Baste ver el acuerdo con el Movimiento 5 Estrellas (M5S) en Italia, una Europa camino de la balcanización, el auge impresionante, imparable, de la dictadura China, etc.

A diferencia de otras épocas más estables, más predecibles, somos muchos los que tenemos la impresión de que nos adentraremos en un tiempo de revoluciones sociales antisistema, de que nuestras democracias occidentales van a experimentar una clara evolución populista con regresión de derechos y libertades.

Eso es lo que pienso al ver la boda de esa monarquía. Nuestra civilización ha derribado los pilares del cristianismo, reduciendo esa fe a una minoría. Lo de hoy ha sido como una gran fiesta en la República de Weimar. En diez años, las cosas pueden cambiar tanto. Y nos acordaremos de ahora, de la orquesta que seguía tocando en cubierta.

Los vestidos, los actores invitados, las pamelas, el carruaje… pero los huevos de la serpiente ya están incubándose en nuestra sociedad. Los Maduro, los Chávez, los Evo, ya pululan entre nosotros, por las calles de la Vieja Europa, aunque todavía no hayan llegado al poder. Nuestra sociedad fue abandonando el Evangelio desde los años 70 hasta nuestros días. Ahora es el tiempo de que comiencen a eclosionar realidades postcristianas cualitativamente diversas, más feroces.

viernes, mayo 18, 2018

El solideo como símbolo de autoridad, de prudencia, de sabiduría


Hoy se ha comunicado a los medios una noticia sorprendente: todos los obispos de Chile han presentado la renuncia al Papa.

Ante semejante hecho, me gustaría escribir algo que no fueran lugares comunes, algo que no fueran las mismas reflexiones de siempre.

La tarea más importante de este papa es reformar enteramente los criterios por los que es escogen obispos en la Congregación para obispos. Unos criterios tales que requieren, necesariamente, de la renovación paulatina, pero urgente, de muchos de los integrantes de esa congregación. Los antiguos criterios han conformado la creación de un cuerpo de “oficiales, monseñores y consejeros” que siempre han seguido esos criterios y han sido, ellos mismos, elegidos según esos criterios. Para ellos resultará imposible actuar y ejecutar según los nuevos criterios, porque lo harían según la antigua mentalidad.

Pero cualquier reforma en esa congregación, por profunda que sea, será temporal, mientras no se reforme el mismo colegio cardenalicio. El análisis de esta situación ya lo abordé en detalle, con la profundidad que merece, en mi obra Colegio de pontífices. Obra que se complementa con Las llaves del león.
Cualquier reforma de la Congregación de obispos será temporal, si no se reforma el Sacro Colegio, pues, antes o después, la cosmovisión eclesial de los purpurados se acabará imponiendo a los individuos, por excelsos que sean, que se hayan colocado en la congregación como faro y luz de un nuevo modo de hacer las cosas.

De hecho, el Sacro Collegio ni siquiera necesita entrometerse en el hacer de la congregación. Ya que su parecer se impondrá por la vía papal, dado que ellos escogen al obispo de Roma.

Los problemas que analizo en mis dos obras resultan insolubles, mientras no se aborde una reforma mucho más profunda, de mayor calado, con miras a más largo plazo. Mientras eso no se produzca, cualquier cambio será mucho más limitado de lo que puedan imaginarse sus autores, por más que estén movidos de la mejor voluntad y de las mejores intenciones.

Mi visión de toda esta cuestión para nada es pesimista. El episcopado lleva un claro camino de purificación y mejora que proviene del siglo XVI. Pero no hemos llegado al final del camino. Se ha logrado mucho, muchísimo. 

Aprendí tanto acerca del episcopado norteafricano del siglo V al documentarme para mi libro La catedral de san Agustín, y os aseguro que tenemos los mejores cardenales de la Historia; y que el episcopado actual es el mejor desde los tiempos gloriosos de los primeros siglos. Pero debemos seguir reformándonos. 

Yo mismo me llevo reformando desde hace años, con avances y retrocesos. Pero, sea como sea yo, tengo muy claro cómo debo ser. Lo mismo le sucede a la Iglesia: la sencillez y pureza del Evangelio.






jueves, mayo 17, 2018

El estudio orante de la teología

Me ha pedido una persona que hable un poco acerca del estudio orante de la teología, ese estudio que, hace unas semanas, aconsejaba a todos los sacerdotes, para hacerlo durante toda la vida.

Lo primero de todo el lugar. El estudio como oración debe evitar una mesa llena de cosas. Lo mejor es una mesa desnuda, en la que solo esté el papel que se precise y alguna imagen religiosa. La mesa debe respirar limpieza y orden. La imagen religiosa debe inspirar devoción.

Lo mejor es interrumpir cada cuarto de hora el estudio para elevar la mente a Dios con alguna oración.

La postura del sacerdote, su disposición a dialogar con Dios lo que lee, su calma en la lectura, su actitud de detenerse a menudo para reflexionar lo que lee, deben conformar ese tiempo como un tiempo de adoración: se está uno internando en la ciencia de Dios.

La lectura debe ser calmada. Uno busca saborear. La teología tiene que provocar deleite. La lentitud es la consecuencia de entender que no es una lectura más, sino una lectura sagrada (por el modo) de un texto sobre un tema sagrado (la ciencia de Dios).

Si un libro me lleva a conocer más a Dios o las cosas alrededor de Él, bien. Si veo que el autor se pierde en erudiciones que me resultan inútiles, mejor es dejarlo: la lectura será infructífera. Un libro que dedique cien páginas acerca del campo semántico de la palabra “logos” en los Santos Padres, puede ser útil para algún profesor, pero no para un sacerdote común.

Si el autor se pierde en laberintos de tipo lógico que me resultan bellas construcciones lógicas, pero carentes de utilidad, mejor es dejarlo: la lectura será infructífera. Un autor neoescolástico que dedique cien páginas al conocimiento inductivo de los entes espirituales, probablemente resultará inútil para un presbítero común.

Uno puede descubrir que, desgraciadamente, el 40% de sus lecturas teológicas transcurre a través de selvas de palabras que son aburridas y que carecen de cualquier utilidad para mí.

Todos entendemos lo que es la lectura espiritual. Lectura de obras para bien del propio espíritu: santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Liseaux, La parábola del hijo pródigo, Relatos de un peregrino ruso, vidas de santos y obras compuestas por ellos. Pues bien, si entendemos lo que es la lectura espiritual, hay que intentar que las lecturas teológicas sean hechas con esa actitud y, al final, tengan también ese efecto.

Una es la lectura espiritual y otra la lectura teológica, son dos campos. La primera edifica el alma, la segunda forma el intelecto. Ahora bien, se puede hacer la lectura de esos textos del segundo campo, buscando sobre todo y ante todo a Dios.

La lectura teológica se puede hacer para buscar aprobar un examen, para buscar la erudición, para preparar una charla. O se puede hacer para buscar el propio bien. Tener claro que las lecturas tienen este fin induce a preferir un tipo de autores y lecturas, y a postergar otros. Induce a buscar los grandes textos, los más profundos, y a desechar lo más superficiales, los que son más vanos. Hay una teología más vana, más superficial, y otra más profunda.

Ejemplo de lectura profunda pueden ser Las confesiones, el De Trinitate de Tertuliano, la primera parte de la Summa Theologica que trata de Dios, y, en general, todos los tratados clásicos De Deo Uno et Trino; el de Michael Schmaus, por ejemplo. Grandes manuales como el tomo I y II de Teología moral para seglares, de Antonio Royo Marín O.P. Un buen tratado de metafísica, por ejemplo el de la Universidad de Navarra. Los Santos Padres de los primeros siglos. Una buena vida de Lutero como los dos tomos de Ricardo Villoslada S.J., tan entretenida, como profundísima dogmáticamente. La lista de libros podría seguir con muchos más títulos.

Solo entonces, solo cuando la mente ya está sólidamente formada en la base dogmática, en una nítida ortodoxia, uno puede completar sus lecturas con autores centroeuropeos del siglo XX, para observar sus aciertos y perspicacias, sin que perjudiquen su poco amor al magisterio. Solo entonces uno puede leer a autores evangélicos, anglicanos y ortodoxos orientales.

He de confesar que suelo leer con más placer las exégesis de los mejores autores evangélicos (al menos creen en la inerrancia) que la de aquellos autores católicos que tratan el texto como si no fuera sagrado.

En el campo católico, observamos a autores que dotan a su reflexión de una mayor sacralidad. Mientras que otros autores, aunque también sean católicos, hacen una teología más mundana, menos consistente y más ligera.

Para que el que realiza una lectura orante de la teología no importa el número de libros que lee. A veces un libro, uno solo, puede convertirse en una inmensa región que recorrer una y otra vez. No hay que tener prisa en pasar a otro libro, mientras el fruto de uno siga siendo grande.

En la lectura orante, es muy bueno parar a meditar lo leído, a dialogarlo con Dios. En una lectura orante, no hay mucho interés en tomar apuntes. Lo importante es aprovechar el momento. Las anotaciones no tienen otro interés que tomar algún pensamiento para llevarlo a la oración. Y, después de la oración, a la predicación.

Se establece así una magnífica relación entre lectura-posterior meditación ante el sagrario- predicación. Cuando un sacerdote predica algo que ha estado meditando varios días, normalmente, ese sermón resulta sublime.

El estudio orante de la teología llena de contenido la oración, hace que conozcamos más a Dios; también la moral, la historia de la Iglesia, la liturgia y todas las disciplinas. Y eso llena de material la predicación. Al final, el estudio de la teología cambia a mejor la vida del presbítero que se convierte en el sacerdote que cultiva la ciencia de Dios.

Todo esto no tiene nada que ver con el modo en que normalmente se estudia la teología en la licenciatura y el doctorado. Lo que he visto no tiene nada que ver con lo que acabo de describir. Tantos casos he visto en que solo se busca pasar los exámenes, en que se sienten sumergidos en archivos inútiles, o que se están pasando la vida buscando “palabras” que ofrezcan un alto nivel de erudición. De ahí que muchos doctorandos estén nerviosos, de mal humor, con sensación de que su trabajo no vale para nada y salgan de Roma sin amar más la teología. Y lo que es peor, que muchos de ellos perpetúen un estudio seco de la teología.

Ni se envía a los más adecuados a estudiar. Ni los más inteligentes son siempre los más adecuados como profesores. Siempre hay un tanto por ciento de estudiantes que están allí sin ningún gusto por la ciencia sagrada.

Este estudio seco, industrial, colectivo, nada tiene que ver con el estudio solitario de un párroco en su rectoría, bajo la guía de un sabio sacerdote; y, mejor todavía, bajo la guía de un santo y sabio sacerdote.




















miércoles, mayo 16, 2018

El genio de John Pawson al diseñar la archiabadía de Pannonhalma en Hungría.




























































Por si algún obispo lee este blog, no me consta de ninguno, cada día que se ponga el solideo, puede recitar esta oración en la sacristía:

-Padre, cubre mi cabeza con tu sabiduría.
-Jesús, envía sobre mi cabeza tu gracia.
-Espíritu Santo, envuelve mi cabeza con tu prudencia.

Han sido necesarios tres posts y varios días de reflexión colectiva para culminar todo en estas tres oraciones breves y sencillas.

Me alegro de que Iké haya puesto ayer un link a muchas de las obras del padre Royo Marín. Mientras estaba en Roma, le dejé el II tomo de Teología moral para seglares a un compañero. Al cabo de un par de meses, le pregunté si me lo podía devolver y me respondió con un breve y frío: ¿Me lo prestaste?

Ayer puse las fotos muy tarde y me fui a la cama. Lo digo porque de haber tenido tiempo hubiera dicho, como suelo, de dónde procedían las fotos. Las fotos son de un monasterio de la República Checa. Son del Monasterio de Nuestra Señora de Nový Dvůr. El genial arquitecto autor de esa maravilla es John Pawson.

Si alguna comunidad desea vivir en un entorno parecido, yo puedo ofrecerles algo parecido. De momento que vayan acumulando doscientos litros de pintura blanca.

Sería más complicado si me piden que levante una pirámide como las de Egipto. Eso no lo soluciono con botes de pintura. Sea dicho de paso, sigo trabajando en mi novela de Moisés.

Las fotos que he puesto hoy son del mismo arquitecto, John Pawson, la archiabadía de Pannonhalma en Hungría. Viendo estas fotos, concluyo que no todo está perdido. Hay esperanza para la Humanidad. No todo es Gran Hermano y South Park.

Bellísimo sagrario




Bellísimo monasterio





lunes, mayo 14, 2018

Descansando en piedra



Hay 1.600 descargas en el último mes de mis libros. Estoy satisfecho, una edición normal en papel es de 2000 ejemplares. Hoy día, las editoriales de teología es normal que saquen ediciones de mil copias. Aun así, no estoy satisfecho. Los escritores siempre queremos más.

Pero mi último viaje me ha animado en este campo, porque me he encontrado que en el lugar que menos me lo esperaba del mundo me he encontrado con un sacerdote que da un curso para laicos basándose en mi libro sobre la misa Las aguas vivas que borbotean. Gracias si me estás leyendo.

Estas palmadas en la espalda me son muy convenientes, porque de verdad, de verdad, que uno, a veces, tiene la sensación de escribir para el aire y el vacío. Mil veces me viene a la mente la pregunta: “¿Y si todos los libros a los que tanto trabajo has dedicado quedaran en la nada, fueran para nada?”. Es un pensamiento horrible. Debe ser el demonio. Aunque a veces no sepa si es un demonio o un ángel. Incluso cabe la posibilidad de que sea uno de los ángeles que procrearon a los nefilim. También puede ser un ángel que tentaba toda la vida a un cardenal y que ahora se ha acercado a mí para continuar su persistente y suave labor llena de experiencia.

Y, sin embargo, a pesar de los experimentados demonios y de los humanos eclesiásticos sigo escribiendo con el mismo impulso irresistible con el que Goya seguía dibujando sus últimos bocetos oscuros de la última época, con el mismo impulso con el que El Bosco seguía dibujando figuras y más figuras, una tras otra, llenando y llenando más espacio en los lienzos.

Sigo con mi labor con el mismo impulso con el que Athanasius Kircher seguía produciendo más volúmenes de su personal e irrepetible “enciclopedia” llena de errores, y aun así deliciosa.

Me siento tan identificado con ese jesuita. Quizá porque conozco muy bien el valor dudoso de su obra. El valor dudoso que tiene su obra objetivamente. Pero me consuelo pensando en que la obra completa tiene un gran valor subjetivo: reflejo de un mundo interior, viaje al mundo visto por ese jesuita alemán afincado en Roma.

En Biblioteca Forteniana 34,244 personas han descargado libros míos. Hoy he recibido dos ejemplares más de una segunda edición de uno de mis títulos por la Editorial San Pablo. Hace poco, en mi anterior viaje, pude ver impresa mi Forteniana Opera Daemoniaca en siete volúmenes. Al verla tuve la impresión de que todos mis años de trabajo sí que habían valido la pena algo: ¿quién se podía imaginar que era tan extensa? Por lo menos, yo con los PDF no hacía idea.

¿En qué he empleado hoy la mañana? En acabar la división de Las aguas vivas que borbotean en dos volúmenes. Era uno de los propósitos que hice al regresar de Quito. Mañana ya regreso a mi libro sobre las plagas de Egipto.

Siempre trabajando para los lectores


Hoy creo que he resuelto un problema que me habían comentado muchos lectores: un buen número no podían acceder a Google Drive desde algunos teléfonos móviles. Por defecto, el teléfono les llevaba al servidor de Google del correo con el que hubieran configurado su propio teléfono.

Anxelina resolvió eso con su link a mis libros, cosa que le agradezco. Pero deseaba tener un propio listado que yo mismo lo pudiera cambiar con facilidad, aunque coexistiese con el de Anxelina.

Ahora ya está hecho y lo pongo a continuación.

Links directos de descarga a las obras de Biblioteca Forteniana


Obras Teológicas
……………………………………………………………………………………
Sobre demonología
Summa Daemoniaca

Exorcística

Historia del mundo angélico

El Exorcismo Magno

La tiniebla en el exorcismo

Tratado sobre las almas perdidas

Enoc y los nefilim


Sobre espiritualidad
Un Dios Misterioso

La mitra y las ínfulas

La vestición del obispo

Las llaves del león

La magna unción final


Sobre liturgia

El Incienso de la Alabanza

La reparación de la santidad de un templo profanado

Las aguas vivas que borbotean
Volumen I
Volumen II


Sobre el breviario


Sobre otros temas
Colegio de pontífices

Manzanas de Gomorra

Las corrientes que riegan el cielo

La luz de la diaconía

Ex scriptorio

La grande y fuerte Babilonia

Los hijos de vuestros hijos



Novelas
……………………………………………………………………
Decalogía
Cyclus apocalypticus

Historia de la II Secesión de los Estados Unidos de América

Memorias del último Gran Maestre templario

El juicio: año 2209

La construcción del Edén

Necronerópolis

El hundimiento de la Torre de Babel

El crepúsculo de los burócratas

Noveno libro

Décimo libro


De ficción
Torres góticas

El curioso caso de la muerte del gato del obispo

Edipo Vasco

La tempestad de Dios

La construcción de la razón


Metaficción
Historias hamletianas

Obra férrea

Libro cuadrado



Otros escritos
……………………………………………………………………………
Escritos catedralicios
Templo Neovaticano

Templo isidoriano

Templo atanasiano

La catedral de San Agustín


Sobre otros temas
Entre los libros y los demonios: autobiografía

La decadencia de las columnas jónicas