sábado, octubre 31, 2015

Como vestirnos al morir


Cuando se acerca Halloween o el carnaval y voy por la calle, siempre que me cruzo en Alcalá con gente que no me conoce, me miran fíjamente y, cuando me han sobrepasado, oigo a mis espaldas que comentan entre ellos: Yo creo que sí que es.

En esta época en que se ven tantos disfraces, hay gente que piensa que yo también voy disfrazado. Eso sí, debo decir que en todas las ocasiones, al mirarme la cara fijamente y con atención, saben de forma instintiva que soy sacerdote o, al menos, se quedan con la duda.

A los curas y a las monjas, incluso en el carnaval, se nos reconoce. Por lo menos, normalmente es así. Hoy, cuando ha refrescado, incluso me he animado, por primera vez, a usar la capa corta con capucha que usaba en Roma. Hasta ahora no me había atrevido, por no llamar demasiado la atención. Pero creo que una capa corta sobre la sotana es una prenda muy digna y estéticamente muy bella.

Dudo si usar en Alcalá el mantello de Roma. El cual todavía es más bonito incluso que la capa corta. Pero cuando veo que hoy día todo el mundo usa por la calle las prendas que le dan la gana, me pregunto que por qué no voy yo a poder usar las ropas genuinamente clericales. Y es que la vestimenta clerical no se agota en la sotana. Desde el sombrero de sacerdote hasta los zapatos con hebilla, las posibilidades clericales son unas cuantas. Tampoco muchísimas, pero sí unas cuantas.

Curiosamente, la costumbre actual es enterrar a los sacerdotes revestidos con ornamentos para celebrar misa. No se me había ocurrido hasta ahora, pero me atrevo a aventurar que eso sucede desde que los sacerdotes ya no se visten con sotana. Lo lógico sería enterrar a los sacerdotes vestidos con traje clerical, no con ornamentos litúrgicos. Si alguno sabe algo acerca de cual era la práctica en siglos pasados, le agradeceré que deje constancia de ello (y de las referencias, si es posible) en la parte de comentarios que está a la derecha de este post.


Parece lógico reservar las vestiduras litúrgicas para los actos litúrgicos. Pero, repito, si alguien me puede ilustrar sobre este asunto, se lo agradeceré.

jueves, octubre 29, 2015

Quinta parte. Cómo debería ser un sínodo ideal: el emplazamiento










Que alguien dice que no hay espacio en el territorio vaticano para esto, no hay problema: constrúyase a veinte kilómetros de Roma. El que los padres convivan todo el día en un mismo lugar hará que se conozcan más, que no pierdan tiempos en desplazamientos. Al sínodo se va a estar reunidos con los hermanos, por lo tanto, no pasa nada por estar fuera del centro de Roma.

Eclesiológicamente no hay ningún problema por no estar en el Vaticano. Una cosa es el Vaticano que representa a la Santa Sede, y otra cosa el sínodo que representa al episcopado. Por lo tanto, lo ideal sería hacer un lugar bello para los sínodos.

Hasta el emplazamiento de un edificio de la Iglesia Católica para los sínodos tiene mucho interés el que sea discutido, porque no tiene ni por qué estar en Italia. A veces, conviene tener un edificio en Polonia o en Dinamarca o en Irlanda pensando en que la vida da muchas vueltas y no está de más tener un lugar alternativo de reunión. El edificio podría utilizarse para retiros espirituales, como santuario, para cursos. Hasta como museo visitable sería una construcción rentable. Las salas del sínodo sí que convendría usarlas únicamente para sínodos, universales o nacionales.


Un macroedificio situado en medio del campo sería todo un icono de la Iglesia del siglo XXI. Un símbolo sereno, sin lujos, pero un edificio septentrional del Vaticano que sirviera como emplazamiento septentrional para muchas reuniones, dado que Roma resulta inhabitable en verano.

miércoles, octubre 28, 2015

Cuarta parte. Cómo debería ser un sínodo ideal: la disposición del lugar













El espacio donde tienen lugar las reuniones debe dar la impresión de que aquella es una reunión sacra. El lugar donde se reunen los obispos para dialogar y dilucidar cuestiones de fe y moral debe expresar que aquello no es una reunión como tantas de las que tienen lugar en el mundo. Son personas sagradas tratando de asuntos sagrados como lo son la fe o la cuestión de lo que es lícito y lo que no lo es.

El lugar ideal debe respirar sobriedad, conviene que exista una desnudez de elementos. Aunque sí que deberían estar todos convocados ante alguna imagen sacra verdaderamente impresionante. Por ejemplo, una bellísima cruz de piedra de cuatro metros de altura con motivos georgianos o célticos. O una imagen en mármol de la Virgen María, como la de la ermita de la Universidad de Navarra. Una imagen de tres metros de altura daría la sensación de estar presidiendo a los obispos. Si a esa cruz o a esa imagen se le añade una iluminación tenue en medio de una cierta penumbra, la escena sería muy impresionante en su sencillez: obispos reunidos jutno a María, o ante la Cruz de Nuestro Salvador.

Observemos todos los frescos y óleos acerca de concilios de siglos pasados: todos muestran una disposición estética tan equilibrada y proporcionada que muestran a los concilios como algo bello. No se podía esperar otra cosa de una época tan acostumbrada a crear belleza y que tenía un concepto tan alto de un concilio.

Digámoslo con toda caridad, pero con toda claridad: el aula del sínodo parece un cine barato. Parece una de esos interiores funcionales de los años 70. Hoy día, cualquier centro de convenciones de Estados Unidos es mil veces más bello. Si lo que querían era diseñar un lugar anodino, de verdad que lo han conseguido.

No voy a perder tiempo poniendo aquí dibujos, pero hay mil maneras de diseñar un aula sinodal bella y que exprese espiritualidad. Se puede hacer dándole una estética moderna o tradicional, neutra incluso. Cualquier cosa mejor que lo que tienen ahora. El arquitecto dio justo con la forma de no lograr belleza. Era difícil pero lo consiguió. Además, el aula ofrece una sensación psicológica de tensión, de presión visual, de arrojarse unos sobre otros. No es un espacio sereno; ni bello ni sereno.


No sólo el aula sinodal, las mismas salas de reuniones para las comisiones y grupos particulares podrían disponerse alrededor del aula sinodal de manera que la arquitectura expresase el mismo modo de trabajar del sínodo. Si en ese mismo edificio se emplazasen en un tercer círculo concéntrico las habitaciones y comedores de los padres sinodales, se podría diseñar un edificio magnífico. Alguien dirá que es un gasto. Sí, pero en Roma siempre se necesitan habitaciones para obispos y sacerdotes de visita en la Urbe. Es un gasto bien conveniente. 

martes, octubre 27, 2015

Tercera parte. Cómo debería ser un sínodo ideal: quienes deben ser convocados a un sínodo


















Pero si se reúne a dos bandos en un solo lugar, como dos ejércitos de centenares de efectivos, con la misión de producir de un modo burocrático un documento de consenso, los frutos luminosos se puede esperar que sean mínimos. El Espíritu Santo actúa. Pero debemos facilitar su actuación con un entorno y unas condiciones óptimas para su escucha. Escucha que viene no sólo de la oración, sino también del diálogo. Y para que el diálogo produzca sus mejores efectos, cuanto mayor sea el acercamiento humano, mejor.

Voy a exponer cómo considero que hubiera sido el modo ideal de organizar el último sínodo. Se escogen los siguientes grupos de obispos:

-Diez obispos a favor de una posición teológica
-Diez obispos favor de la posición teológica contraria

Se escogen a diez grandes teólogos, diez peritos de cuya altura teológica no haya ninguna duda. Estos sacerdotes, y quizá algún laico, pueden también escogerse equitativamente entre las dos posiciones teológicas enfrentadas.
Se escoge a un grupo de obispos, digámoslo así, neutrales, situados entre los dos grupos:

-Diez obispos neutrales representativos de las grandes sedes del mundo: Nueva York, París, Tokio, Sydney, etc. Obispos que sean más bien neutrales.
-Por último, se escoge a otros diez obispos santos. Diez obispos de todo el mundo que destaquen por su santidad y que haya un cierto consenso acerca de ello.

De estas cuarenta personas, una tercera parte podrían ser cardenales. Este grupo se reúne a charlar a conversar como hermanos. No tienen que producir ningún documento si no lo desean. Pueden hablar con toda libertad. No deben sentirse presionados por estrecheces de tiempo. 

Después, las votaciones internas irán indicando cual es el parecer de esta representación del episcopado. Si se logran ciertos acuerdos, eso podrá exponerse ante la asamblea general del sínodo. Si un acuerdo no es posible, al menos, tras esta fase de preparación, se podrán exponer del modo más acertado cuales son las dos posturas y sus argumentos, para que el aula general delibere y lleve a la oración lo que se ha expuesto ante ella.

El aula general debería repetir a nivel más amplio este esquema expuesto, este modo de trabajar. No es la cantidad de intervenciones la que da más luz. No es el número de documentos el que ayuda a tomar una decisión. Sino la escucha de ese pequeño número de personas que ha sido encargado de preparar el sínodo. Y, de nuevo, con el lugar de reunión, el horario (de trabajo y oración) y el diálogo sincero debe favorecerse la escucha de los hermanos y del Espíritu.

lunes, octubre 26, 2015

Segunda Parte. Cómo debería ser un sínodo ideal: la impresión actual que se tiene


Ahora mismo la impresión que da el sínodo es el de una reunión ante la que uno tras otro lee un discurso ya preparado. El sínodo se convierte en una fría sucesión de intervenciones escritas y una sucesión de mecánicas votaciones. Debemos retornar al espíritu primitivo de unos pocos apóstoles reunidos en Jerusalén sin papeles, sin esquemas, discutiendo los temas sin acritud, en una sala de tamaño familiar ante un grupo integrado por un número considerado como razonable.

Después de ese trabajo en grupos menores, se puede discutir en la asamblea general, pudiendo intervenir sólo las veinte o treinta personas designadas. Los demás escuchan, votan y piden al Padre que envíe su Santo Espíritu.

¿Realmente en este sínodo ha habido una verdadera discusión? ¿No hemos reunido a bandos ya formados previamente para votar documentos de consenso? ¿De esta manera los sínodos son instrumentos propicios para aportar algo?

El sínodo debe ser una reunión sacra de sucesores de los Apóstoles bajo la acción del Espíritu Santo. El modo de organizarlo todo debe favorecer esa acción divina inspiradora que surge del diálogo. Si el modo de trabajo sinodal se burocratiza, se deja menos espacio a la acción del Espíritu.

Hubiera sido ideal que el cardenal Burke, Sarah, Müller y Kasper, por mencionar sólo algunos nombres, hubieran expuesto sus argumentos, en un ambiente acogedor, ante veinte obispos muy bien escogidos, que representasen a todos los demás.  Y que hubieran hecho esto, exponer sus argumentos réplicas y opiniones, como se hace el salón de la casa de un amigo que les ha invitado a cenar.

Hay que luchar por lograr la antiburocratización de los sínodos. Hay que devolverlos a su frescura inicial. Hay que tornar a convertirlos en algo esencialmente espiritual.


Tal como los sínodos están organizados ahora, se lograría mucho más llamando a las diez cabezas principales de cada bando y a otros diez obispos neutrales, y hacerles pasar cuatro días juntos deliberando en una casa de campo entre bosques: deliberando, paseando, orando y comiendo bien (la buena comida dispone al entendimiento) en la ladera de una bella montaña con prados y senderos. No tendrían que realizar ningún documento, sólo tendrían que escucharse unos a los otros. Estarían allí para orar y pasárselo bien durante unos días dedicados al descanso y a agradables tertulias. La Iglesia entera se beneficiaría extraordinariamente de este nuevo modo de proceder tan familiar, tan humano, tan similar a los primeros tiempos. 

domingo, octubre 25, 2015

Primera parte: Cómo debería ser un sínodo ideal: la organización de las reuniones















Hoy que ha tenido lugar la clausura del sínodo sobre la familia, me gustaría compartir con vosotros cómo pienso que podría organizarse de forma ideal un sínodo. Comparto con vosotros mis opiniones personales. Podéis disentir de ellas con todo derecho. Las pongo aquí porque me leen un cierto número de clérigos y nunca se sabe dónde puede llegar una sugerencia mía.

Este tema lo considero tan importante que dedicaré varios posts a tratar este asunto.


No pocos padres sinodales tienen la impresión, durante cualquier sínodo sínodo, de que hay mucho trabajo por hacer. Esta mentalidad de trabajo sinodal vigente hasta ahora pienso que hay que cambiarla. Uno debería ir al sínodo a dialogar y orar de un modo tranquilo, relajado. Es una reunión de oración y escucha de los hermanos.

Por lo tanto, no sería ningún exceso que la mitad del tiempo se dedicara a la oración. En cualquier caso, no menos de una tercera parte del tiempo total del día.

En las reuniones de las comisiones hay que favorecer el diálogo informal, tranquilo, sin prisas, no la idea de que todos están alrededor de una mesa para producir un documento. La presión de tener que producir un documento. El sínodo como maquinaria de producción de papeles. Hay que cambiar la mentalidad, no se está allí para producir documentos de consenso, no se está allí para votar. Se va a orar y escuchar a los otros, se va a aportar y enriquecerse en el proceso de escucha de los argumentos de los otros.

No hay verdadera discusión y posibilidad de intervenir allí donde hay excesivo número de personas reunidas. En los grupos de trabajo menores, lo ideal es no sobrepasar las veinte personas en cada uno de esos grupos. Las intervenciones en el aula sinodal deben ser pocas y de individuos muy escogidos. Se escogerá a unos por parte de la organización centralizada, otros serán escogidos por los grupos menores descentralizados. Todo sínodo debería suponer un cierto armonioso equilibrio entre la organización central y la descentralización, entre las posiciones más tradicionales y seguras, y las más abiertas y novedosas. Todo sínodo debe huir de la dirección, venga ésta por un grupo o por otro.

Los obispos realmente involucrados en el trabajo del sínodo no deberían ser más de cien. El resto de obispos que vayan a ese sínodo deben ir con la idea de arropar a esos cien con su presencia y oración. Deben convertirse en una presencia orante, en una presencia que escucha y que da su opinión después en las votaciones. Pero los padres que van a discutir, predicar e intervenir deben ser pocos en número.


Todos los obispos presentes podrán votar, pero una maquinaria deliberativa de más de un centenar de miembros se vuelve pesada y lenta. Se hace totalmente necesario delegar las intervenciones en cabezas verdaderamente representativas. El arte de lograr la buena organización de un sínodo consiste en disponerlo todo para que esas cabezas puedan establecer un verdadero intercambio y confrontación amistosa de ideas entre ellos.

sábado, octubre 24, 2015

Hablando ayer con el otro lado del Atlántico


Yo me había preocupado mucho de perder algún lector por culpa del huracán. Incluso este blog había pedido a sus lectores mexicanos que ayer no salieran de casa. Pero va a ser más fácil que algún lector se desgracie por un corrimiento de tierra que por el huracán mismo. La verdad es que este huracán ha sido un poco decepcionante, casi tanto como las expectativas fallidas generadas por El Imperio contraataca.

Ayer hablé mucho de cine. Era lógico, había conversado con una persona que se dedica al cine que me pedía mi permiso para contartar a ciertos directores para llevar a la pantalla mi querida Historia del Mundo Angélico. Aunque le puse tantas limitaciones y condicionantes que dudo que logre algo. Le expliqué bien claramente que no quiero una popularización del libro. La película tiene que ser una obra de arte, no una historia piadosa.

Quiero un director, le dije, que haga la Capilla Sixtina del 7º Arte. Quizá me pasé un poco, lo reconozco. Quiero, insistí, un director que haga la versión del siglo XXI de El Séptimo Sello. De nuevo me pasé.


Él con mucha ilusión me dijo voy a contactar al director X autor de la película X. Y me contaba lo maravillosa que era esa película. Con mi habitual diplomacia, repuse al momento con fría acritud: Esa película es un rollo. 

Salieri en su silla de ruedas


Cuando ayer vi un trozo de American Beauty, no mencioné que me llevé una gran decepción al escuchar la voz original de Kevin Spacey. Yo siempre había escuchado la magnífica voz del doblador español que le da un aire totalmente distinto a la película. Realmente, la obra de arte del doblador tiene una musicalidad y un carácter que perfecciona mucho la obra original. El timbre de voz de este doblador también mejor que el del actor original. Es como comparar un violín con otro, siempre hay uno que suena mucho mejor. Una de mis más queridas amigas es violinista. Aprendí mucho de violines con ella.

Pero esto no significa nada en una película que es imposible hacerla mejor. Sobre todo, en ciertos momentos, la perfección de algunas escenas es tal que el espectador casi siente el deseo de levantarse de la butaca con la boca abierta. El comienzo y el final de la cinta son de los mejores de la Historia del Cine. Yo incluiría a este obra cinematográfica entre las cinco mejores de todos los tiempos.

A mí me entusiasma el final de El padrino III, parece que no se pueda filmar en cine un final más redondo. Pero el de American Beauty le supera en inteligencia y hasta en belleza. Sea dicho de paso, el final de La Misión es bastante soso, todo debería haber acabado en la mesa del almuerzo del cardenal con don Cabeza y el embajador de portugal. Eso hubiera sido un final mucho más bello. 

El final de Blade Runner tampoco me entusiasma. Y menos todavía el sermón del replicante. Las improvisaciones de última hora al escribirlo se notan a la legüa. No sé qué rollos de Tanhauser y de naves en llamas. Las naves no arden en el espacio, sea dicho de paso. El discurso final se redactó poco antes de recitarlo, había que haberlo trabajado más. El final de Un hombre para la eternidad no me entusiasma, demasiado sobrio, pero hace llorar. Vaya que si hace llorar. Pero se pasa de sobriedad. El final de Amadeus sí que es genial con Salieri bendiciendo.


Pero de todos los finales de todas las películas, me quedo con el de esa joya llamada American Beauty.

jueves, octubre 22, 2015

Escribiendo el post hoy después de la comida


Después de escribir el post de ayer, pensé lo interesante que sería que exista un planeta del Universo en el que todo sean casualidades. Un lugar donde la casualidad (por disparatada que sea) fuese lo normal; y la no casualidad, la excepción.

Eso lo pensé ayer antes de acostarme. Hoy he puesto orden en mi cocina. He abusado del arte de procrastinar en esa parte de mi casa. Por más que se coloquen con mucho tino las cosas, todo espacio limitado tiene precisamente eso: un límite.


Pero tanta acumulación ha valido literariamente la pena. Pues he podido escuchar un magnífico resumen de Rayuela de Cortazar. Después de ir a varios asuntos en Alcalá, he comido, he jugado dos partidas de ajedrez y he visto tres minutos del comienzo y del final de American Beauty, una de las mejores películas de la historia del cine. He derramado unas lágrimas al ver el final de la película. Tranquilos, no soy un miserable spoiler.

miércoles, octubre 21, 2015

Coincidencias llamativas











Hay cosas que dan que pensar. Cuando Dios habla, Dios usa medios serios, medios dignos. Pero, de vez en cuando, hay cosas que me descolocan un poco. Por ejemplo, el verano anterior al cónclave de 2013 que eligió al Papa Francisco, estuvimos escuchando durante meses, casi como un mantra, la canción Papa Americano:

Otra coincidencia, en el 2011 se estrenó una pésima película titulada Habemus Papam acerca de un Papa sencillo, humilde y nada tradicional. La película no vale un pimiento. Lo gracioso es que cuando se ve al actor de perfil y más bien desde atrás, parece estar viendo al Papa Francisco. Yo volví a ver la película (lo cual fue una penitencia) sólo para ver si se parecía el actor al Papa actual. Y sí, se parecía.

Más cosas curiosas. Hay algunos leves puntos de coincidencia entre Karol Wojtyla y esa fallida película titulada Las sandalias del pescador. Fallida porque más que un guión tiene un collage de veinte cosas.

Más curiosidades, Juan XXIII en las fotos de joven, cuando era capellán militar, el parecido de su cara con el de Mussolini es clarísimo. Del mismo modo que el parecido de la cara del Cura de Ars con Voltaire, también llamó la atención de sus contemporáneos.


¿Que significa todo esto? Sólo lo puedo entender como una muestra más de que Dios tiene un cierto sentido del humor. 

La santidad del Nombre de Dios y la santidad de los lugares consagrados a Él


Hoy el Partido Socialista ha dado a conocer su programa. Tenía yo completa seguridad de lo que iba a suceder, y el programa no me ha defraudado. Su reclamación acerca de las inmatriculaciones eclesiásticas se convertirá a la postre en una verdadera nacionalización de las catedrales de España, de todas las catedrales.

Ésta es una verdadera tragedia. Los obispos van a quedar despojados de todos los templos catedralicios. Los cuales podrán ser usados para conciertos, exposiciones, actos culturales, políticos o bodas gays. Esto ya se veía venir desde hacía años.

Entre esto y la redefinición del matrimonio, el cristianismo ya no podrá seguir conviviendo en la sociedad actual como hasta ahora. Estamos a cuatro o seis años del comienzo de una verdadera persecución legal de la Iglesia en España. La Iglesia, tal cual la hemos conocido, va a desaparecer de este país. Nos espera una situación cada vez más hostil y agresiva en nombre de la Libertad.


Nuestro Señor Jesucristo se enfadó al ver a los vendedores en el Templo. Resulta evidente que Dios se enfadará ante semejante sacrilegio. Ya no espero más ayuda que la del Cielo. Pero no tengo la menor duda de que el Altísimo mira y calla. Mira y calla, pero cuando hable todos callarán.

lunes, octubre 19, 2015

Amar la Iglesia


Si leyendo el post de ayer no lloraste, eres un monstruo desalmado con una piedra en vez de corazón. Eres otro Hitler. El post de ayer era tan tremendamente emotivo que hasta los camaradas del Partido Comunista echaron una lagrimita.

Hoy me he dado un delicioso paseo por Madrid con dos buenas amigas y he comido con ellas un codillo en un restaurante alemán. Por la tarde he predicado un sermón sobre el Destino. Después de la cena he escuchado de nuevo la música de Delerue para Ana de los mil días y he seguido meditando, no lo he podido evitar, sobre el cisma inglés.

Qué tremendo es que un hombre, un simple hombre, vicioso, gordo, cruel, dedicado a la caza y las diversiones, que se había acostado con tantas cortesanas, se declarara Cabeza de la Iglesia de todo el reino de Inglaterra. Cuando hoy tantos ingleses se sienten tan orgullosos de su iglesia nacional, no está de más recordar que entre 57.000 y 72.000 súbditos dieron su vida para que ese obeso uxoricida pudiera afirmar que era la suprema autoridad en materia eclesiástica.


Pero hoy he leído algo que desconocía. Entre tantísimos miles de actos heroicos, una persona mereció el calificativo de destructor destacado de la Santa Iglesia: y ese fue Thomas Cronwell, uno de los que más hicieron por favorecer las ideas luteranas. Pues bien, no sabía yo que él al ir al patíbulo pronunció unas últimas palabras recogidas por un cronista de la época. Y esas palabras fueron las que menos se pudieron esperar todos los presentes: que dejaba este mundo creyendo en la Iglesia Católica, profesó delante de todos que moría in the traditional faith.

sábado, octubre 17, 2015

Fotos de mi último viaje a la península yucateca

Un cura con sotana viejecito en un parque. Sentado solitario y apacible en un banco reza el breviario y contempla de tanto en tanto a las palomas. El poco pelo que le queda es blanco. Sus ojos castaños están mediocerrados bajo unas cejas canas. Me siento a su lado.

Pronto entablamos conversación. Mientras espero que llegue otra persona, charlamos de lo divino y de lo humano. Un cuarto de horra después, el sacerdote me habla de su vida. Además de sacerdote era escritor.

Yo indagué en los vericuetos, siempre tormentosos del Apocalipsis. Recorrí esa época en muchas obras mías. Profundicé en las simas del infierno en otros libros. Viajaba y daba conferencias. Después envejecí. Mi salud ya no me permitió seguir viajando. Mis manos artríticas y mi memoria cada vez más vacilante tampoco me permitieron seguir con la escritura.

Poco a poco me dediqué más al confesionario, a pasar más tiempo en el parque, a ayudar en lo que puedo, en lo poco que puedo, en esta parroquia de detrás. Me despedí de mis lectores. Fue una despedida lenta y progresiva. Fue una despedida al ritmo del avance de mis fallos intelectuales. Fallos cada vez más firmes, cada vez más vergonzantes.


Muchas veces me sorprende el párroco diciéndome que yo hice tal o cual cosa, que escribí esto o lo otro. No sé qué hay de broma en sus comentarios y qué hay de verdad. No pocas veces me río de lo que dice que fueron mis ocurrencias.




viernes, octubre 16, 2015

En esa península del mapa estaba hace dos días


Estos días he estado escuchando, una y otra vez, mientras trabajaba la overtura de la banda sonora de Ana de los mil días.

La música de George Delerue es siempre muy profunda. Y esta música (sin ser entusiasmante) suscita en mí con música el espíritu del drama del cisma inglés. La tragedia de un país que en la gran rebelión protestante estaba llamado a permanecer católico. Allí no había prendido la herejía. Estados Unidos, todo el imperio británico, todo se perdió por un reinado que duró mil días: Ana de los mil días.

https://www.youtube.com/watch?v=jC4hDfyCN1E

La película, cuando la vi de joven, no me impactó, no es muy buena. Pero en la mente de ese joven que aburrido la vio aquella tarde, destacó la figura del cardenal Wolsey. El cardenal Wolsey de Un hombre para la eternidad es un hombre corrupto y taimado. El cardenal de esta otra película es un hombre bueno que sufre por no poder detener al monstruo en el que se ha convertido su rey.

Si la música de Ana de los mil días, me evoca el drama que se pudo evitar, la música de Un hombre para la eternidad me evoca la grandeza de la gigantesca figura de Tomás Moro.


La primera música está bien en una película bastante regular. La segunda música (del mismo autor, pero más maduro) es sencillamente genial, como la película misma.

Los mismos cardenales de esas dos películas son radicalmente distintos. El de Orson Welles es un personaje de carne y hueso, un personaje real, descrito magistralmente en pocas escenas. El de la primera película es un personaje más plano, menos nítido.


No es de extrañar que ese momento de la historia haya sido recreado incontables veces en el cine. Lo ha sido y lo seguirá siendo. Fue el momento en que se decidió el alma de todo un imperio. En ese año fue no fue menos que si el eje del polo se moviera de su sitio varios grados, afectando al planeta entero durante siglos. 

La herejía venció sobre grandes partes de la Tierra. La imagen del cristianismo se distorsionó para siempre en millones de hijos de Dios. La Cristiandad cesó de existir. A partir de entonces ya simplemente habría países cristianos.

Las mañanitas del rey David

Había escrito hoy un largo post sobre las declaraciones de sor Lucía Caram. Pero lo he borrado. Este post debe hablar de cosas positivas: hablar de cosas positivas y no atacar a nadie. En la Iglesia ya hay demasiadas divisiones.

El post estaba escrito tras la comida, antes de ir al hospital por la tarde. Y me he pasado un buen rato del camino de vuelta pensando en el tema. Jesús no estaría contento de que nos ataquemos entre sus seguidores. La Iglesia tiene sus pastores y sus pastores de pastores. Son ellos los que tienen el encargo de velar de este tipo de cosas. A mí sólo me toca cantar las alabanzas del Señor y explicar la Palabra.


Cumplí 47 años durante este viaje a México. Qué lejos queda 1968. Y, durante la cena que tuvieron la amabilidad de organizar, apareció esta banda que me cantó Las mañanitas del rey David. Incluso yo mismo canté con gran éxito una estrofa de Mi palabra es la ley.


jueves, octubre 15, 2015

Ladrillo de la Puerta Santa del Vaticano colocado en un templo de Estados Unidos

Hoy he regresado de un viaje de una semana a México donde he dado unas conferencias. Cóncretamente he estado en Campeche. Pondré las fotos tan pronto como las tenga. O sea, que tardaré. 

Allí he podido ver unas bonitas pirámides mayas. Especialmente una era de especial altura y belleza. Todo el conjunto situado en la selva era impresionante. Las selvas del Yucatán son bajas. No están formadas por árboles altísimos con lianas como las africanas o las brasileñas. Sino que se trata de selvas no tan altas, pero sí terríblemente densas que se extienden por las tierras planas e inacabables de esa inmensa península. Avanzar por ellas resulta una tarea lentísima.

Como se puede esperar de una tierra situada en el Trópico de Cáncer, el calor y la humedad era notable incluso en esta época del año. Campeche, la capital, es una ciudad tranquila, bajo un cielo azul, con sus calles llenas de luz, con sus fachadas coloridas que respiran el ambiente colonial de hace siglos. Un lugar muy bonito.

No voy a hablar de la bondad de sus pobladores, porque pensaréis que no seré objetivo. Tampoco hablaré de su gastronomía. Tan solo diré que a esas tierras del sur de México llegó una determinada y concreta cantidad de padre Fortea, y hoy ha regresado la misma cantidad de padre Fortea más dos kilos. Ha regresado más padre Fortea del que partió.

martes, octubre 13, 2015

Cuestiones sobre el infierno IX


Cuando, a lo largo de los años, algunos de mis lectores se han sentido en contra de mi concepto de infierno, buscando un infierno brutal totalmente dejado de la Mano de Dios, yo siempre he pensado: no sabéis lo que pedís.

El que no deja espacio a una visión más misericordiosa incluso de la condenación, en el fondo está pidiendo venganza. En el fondo, está pidiendo ese tipo de infierno sin piedad. Hay que tener un determinado tipo de corazón (muy duro) para negar la posibilidad de un destierro más humano. La eternidad de la condenación (si interviene Dios) no implica la crueldad sin límites de ese estado.

Los hombres condenados al infierno no son meras bestias. Nosotros somos compasivos incluso con las bestias. Las almas condenadas se han bestializado, pero mantienen parte de su humanidad. Algunos, al describir el infierno, dan la sensación de querer echar más madera a ese horno para así defender mejor la santidad de Dios. En el fondo es como si echasen más leña con una recriminación pura (y fanática) que viene a decir: Os merecéis todo lo que os pase y no es asunto mío. Cuanto más sufráis, más brillará la Justicia Divina.


Ese pensamiento nace de una buena intención para con Dios, pero no tiene en cuenta que Dios es más bueno que la maldad de los que le odian. Dios no ha podido salvarlos, pero les ayudará todo lo posible en su eterno exilio.

lunes, octubre 12, 2015

Cuestiones sobre el infierno VIII

Como os he tratado de exponer hay dos formas de entender el infierno: un infierno paroxístico y brutal, el otro es un infierno moderado parecido a una isla desierta habitada por desterrados.

Yo claramente, hace ya muchos años, me he decantado por este segundo tipo de infierno. Un estado en el que Dios interviene para que el sufrimiento no llegue más allá de lo que es razonable.

En cierto modo, pienso que Dios hace todo lo posible para que el infierno sea lo más habitable posible dado que se ha visto forzado a dejar en ese estado a algunos de sus hijos.

Estoy seguro de que algunos de mis lectores desearán (para los otros) un infierno de la venganza, un infierno de la crueldad, un infierno en el que sufran sus habitantes todo lo que puedan. Un infierno en el que sus moradores puedan hacerse todo el daño que puedan sin que nadie pueda poner límite.


Pero estoy convencido de que en el estado de condenación cada uno sufre según un grado propio, pero que ni en el más odioso de sus moradores ese estado de sufrimiento es paroxístico todo el día, todos los días, durante millones de años. Hay momentos en que sí, pero pienso que Dios atenúa ese fuego. Ese fuego existe, pero un Dios que es padre interviene. Dios es bueno hasta con ellos. Diré más, Dios interviene todo lo que su estado le permite. Nadie necesita más de Dios que ellos. Dios interviene todo lo que ellos le permiten sin darse ellos mismos cuenta de que su alivio, en el fondo, proviene de Aquél al que odian.

domingo, octubre 11, 2015

Cuestiones sobre el infierno VII


Sí, los que me hayan leído ayer entenderán por qué –en mi opinión- es necesaria la intervención de Dios parea que los habitantes del infierno no se hundan en un abismo sin fin. En el abismo de una tristeza creciente en la que nunca se toca fondo. El paroxismo de un dolor que se piensa que ya no puede ser mayor y que se descubre que pasado cierto tiempo siempre es mayor.


Una mente condenada abandonada a sí misma se situaría en una situación de hundimiento sin fin. Como una piedra arrojada a un océano sin fondo. Dios es necesario incluso en el infierno. 

De otra manera el infierno se convertiría en una sucesión de hombres-abismo aislados unos de otros, crucificados en sus espíritus, incapaces de pensar tranquilamente, de mantener conversaciones entre sí. El paroxismo del dolor acabaría por eclipsar todo.

sábado, octubre 10, 2015

Cuestiones sobre el infierno VI


Lo que se me hace extraordinariamente difícil de entender con mi pobre razón humana es el concepto de sufrimiento siempre creciente que puede experimentar un ser condenado por toda la eternidad. Es decir, un alma puede caer más y más profundamente en la tristeza, en el odio, en el paroxismo del dolor. Del mismo modo que un ser humano aquí en la tierra, a pesar de estar en el mismo lugar, en el mismo ambiente, con el mismo trabajo, con la misma comida y el mismo tiempo de descanso, puede caer más y más en la tristeza. Y esa tristeza ser de tal magnitud que anule todo lo demás: la persona no come, no trabaja, ya no habla con amigos.

Aquí, en la tierra, la muerte puede poner un punto final a esa situación. Pero tras la muerte ya sólo queda la posibilidad única de seguir existiendo. El sufrimiento puede ser creciente a pesar de un entorno siempre igual. ¿Dónde está el límite de ese sufrimiento? La respuesta es que no hay límite. Uno siempre puede sufrir más.

De esta manera, llega un momento en que parece que el ser no puede resistir más, parece que el ser se va a romper. Pero no se rompe.


En mi modesta opinión, si Dios no interviniera para enviar ayudas naturales, los condenados se hundirían en un círculo vicioso de tristeza y rabia siempre creciente, sin fin.

Post Data: La bellísima pintura no tiene relación con el texto del post. La he puesto porque también en el budismo hay hombres que buscan a Dios y lo encuentran en ese camino.

viernes, octubre 09, 2015

Cuestiones sobre el infierno V















Algo realmente interesante es que podríamos haber desarrollado toda una teología acerca de lo que sería un ser condenado al sufrimiento toda la eternidad, aunque de hecho no fuera a existir nunca un ser en esa situación.

La mera razón podría haber descubierto que existía esa posibilidad y podría haber profundizado en cómo sería existir en ese estado.

En ese sentido, incluso un ateo podría haber construido toda una teología de la condenación eterna usando la razón para edificar sobre los cimientos de la Sagrada Escritura. Porque, ciertamente, sin la Biblia sí que hubiera sido muy difícil que las mentes hubieran llegado a levantar una teología de este tipo que llegase muy lejos. Podrían haber descubierto el concepto de condenación y haber dado una serie de pasos más allá. Pero una vez que quisiesen profundizar más, ya se iría haciendo progresivamente más difícil. 

jueves, octubre 08, 2015

Cuestiones sobre el infierno IV


Lo terrible sería morir y descubrir que uno mismo es el único condenado al infierno. Sabemos que eso no es así, porque Jesús nos habló de los colocados en el lado izquierdo, de los ángeles réprobos arrojados al lago de fuego. Ahora bien, ¿nos podemos hacer una lejana idea de la desolación que tendría un ser si descubriera que tras toda la Historia Humana y tras toda la Historia Angélica es él el único condenado entre los hombres y los demonios? ¿Nos podemos ni de lejos imaginar lo que sería una eternidad en la más absoluta soledad sin poder dejar de existir?

miércoles, octubre 07, 2015

Cuestiones sobre el infierno III


Siguiendo con la cuestión de ayer. Pero estoy convencido de que Dios sí que alivia los sufrimientos del infierno. Los alivia, primero de todo, permitiéndoles vivir juntos. Es decir, formando una sociedad. Sería mucho peor que cada uno de ellos viviera separado, aislado. Cierto que la convivencia con esos seres réprobos es una fuente continua de dolor, porque son seres llenos de malos sentimientos. Pero, al mismo tiempo, ese mal es menor que el mal de la soledad absoluta.


Ahora bien, Dios tiene que poner ciertas leyes que ni los demonios ni los hombres pueden quebrantar. Si no fuera así, los condenados estarían abandonados completamente a la mala voluntad de esos habitantes del Averno. De ahí que, de un modo invisible, la Mano de Dios evita que el ensañamiento llegue más allá de ciertos límites.

martes, octubre 06, 2015

Cuestiones sobre el infierno II

Una cuestión que se me planteó hace un mes fue si nosotros podemos rezar por los condenados en el infierno para que Dios les haga más llevaderos sus sufrimientos. La verdad es que no estoy totalmente seguro de cual sea la respuesta.

Las razones en contra me parecen de más peso que las a favor. En contra de hacerlo está el que Dios nunca nos ha enseñado en la Sagrada Escritura que hagamos tal cosa. Por otra parte, tampoco me parece que sería razonable estar toda a eternidad suplicando a Dios por ellos. Daría la sensación de que hay una situación que merece ser subsanada al menos parcialmente.

Parece más adecuado pensar que tras el reordenamiento de todas las cosas que tendrá lugar tras el Juicio Final, cada cosa quedará en el lugar, modo y manera que tiene que estar, porque ese reordenamiento será hecho por Dios directamente. Y como Dios todo lo hace bien, ya no tendremos que subsanar nada.


De ahí que mi opinión es que no hay que rezar por ellos para que Dios les haga más llevaderas las penas del infierno.

lunes, octubre 05, 2015

Reflexiones sobre el infierno I


En cierto modo, el infierno ni siquiera está cerrado desde dentro, sino que el yo es el infierno. El yo se transforma en la cárcel de la que no puede salir uno mismo. La única forma de salir de esa cárcel sería extinguir el yo. 

Podría seguir existiendo el mismo cuerpo y el mismo espíritu, pero si borramos completamente todo lo que hay en la mente humana, entonces hay que volver a partir de cero, hay que volver a aprender, a tomar decisiones. Y el yo resultante sería otro yo. Otro yo que viviría en mi cuerpo, pero ya no sería yo. Sería un yo con nuevos recuerdos, con nuevos sentimientos. Borrar todo lo almacenado en la mente y empezar de cero sería lo mismo que poner otra cabeza en un cuerpo. Sería el mismo cuerpo, pero ciertamente sería otro yo. Por eso el infierno no tiene puerta de salida: o la extinción del yo o seguir viviendo.

Descansar bajo las bóvedas catedralicias, descansar en forma de mármol


Hoy estaba pensando que con el paso de los años he perdido algunas virtudes que me acompañaron en mis jóvenes años de seminario. Sin duda con los años he perdido no pocas virtudes. Pero lo que sí que estoy seguro es que ahora soy más comprensivo con los demás, muchísimo más comprensivo. Otra cosa en la que he mejorado es que es dificilísimo que me enfade. Una última virtud de la que estoy seguro de poseer en mayor medida es que ahora soy más humilde.

La vida me ha hecho más comprensivo, más sereno y más humilde. Mi post es breve, pero me ha costado 47 años poder escribir con verdad estas líneas.

domingo, octubre 04, 2015

Un pulpo bañándose















He leído todos vuestros comentarios acerca de títulos. Sois muy buenas personas, pero bastantes malos ideando títulos. Lo único que he sacado en claro tras leeros es que justo ahora que casi saco la colección entera, casi me despachurro antes en la ducha.

Podéis seguir poniendo comentarios en el link de la derecha. Un lugar para comentar donde sí que hay moderador. ¿Por qué no se puede comentar bajo cada post? Veréis, este blog tenía 138.000 comentarios cuando hace años decidimos poner un moderador en el otro link. Para mí era imposible revisar todo lo que me decís.mis capacidades humanas tienen un límite.

Y mis capacidades ayer y hoy han estado centradas en dejar lista, unificada y bien presentada la colección de la que os hablaba. Yo creo que podrá aparecer en un mes como pronto, y en dos a lo más tardar; creo. Haciendo esto me he percatado de que seis libros, con los años, han quedado incorporados en los seis tomos finales que compondrán la colección.


Otros en la vida se han dedicado a hacer el Bien y yo me he dedicado a reflexionar sobre el Mal. Es una labor muy honrada y yo diría que hasta honesta.