martes, mayo 31, 2016

El fanatismo dentro de casa















Desde la pregunta ¿a que Dios adoro? Si vamos descendiendo, pregunta a pregunta, podemos ir dando respuestas menos acertadas. Las respuestas menos acertadas, poco a poco, van dando lugar a verdaderos errores. Los pequeños erorres, al final, nos llevan a que los inquisidores cristianos recorran Europa.

Pero eso es el final del camino. Sin llegar al final, alguien metido en el campo eclesiástico, encontrará toda su vida, de vez en cuando, en colegas y a todos los niveles, esos resabios de fanatismo en cualquier recodo del camino. Aquí y allá te encuentras con trabajadores del Evangelio que  por el Evangelio están dispuestos a hacer no pocas cosas contra el espíritu del Evangelio.

Por supuesto que esto no es lo general. Pero compadezco al que se encuentre con un pedazo de materia oscura en medio del prado eclesial. Comprobará que la más pegajosa oscuridad, la que más sarpullidos le provocará a la víctima, no es la maldad pura –de esa hay poca-, sino la mediocridad. Esa mediocridad mezclada con el bien es una combinación muy desagradable. Si fuera mal y sólo mal, sería más fácil identificarla y anularla. El problema es la proporción adecuada de mediocridad del sujeto y su convicción de estar haciendo lo correcto cuando justamente está haciendo daño a alguien. Si a eso le unimos una cierta cantidad de bien (virtudes, oraciones, fe), tenemos un espacio eclesial (personal o grupal) que tiene toda la probabilidad de pasar desapercibido, de mimetizarse con el ambiente.

Este post puede parecer muy abstracto, pero las historias que hay detrás de él son muy concretas. Al final, en la Iglesia, en la universidad, en una empresa, en el arte, en todas partes, las personas con fe resisten, porque saben que hay una justicia final. Es más fácil vencer a Hitler que al mediocre. El mediocre, como las pilistras, tiene una capacidad de resistencia sencillamente épica.


Post data: Gracias a la persona anónima que me ha provisto de los textos litúrgicos que pedí en un post precedente. Gracias de verdad.

Quién es Dios, quién es el demonio


Si respondemos bien a la pregunta quién es Dios, podremos enfocar acertadamente la respuesta a la pregunta quién es el Diablo. Aquél que crea en un Dios primitivo, cruel, iracundo, vengativo, tenderá a tener una visión igual de simplista respecto al demonio.

Muchos se rién de mí, considerándome el cura de los demonios con una sonrisita burlona. Se imaginan unos seres parecidos a los goblins o a los brownies escoceses o a los gremlins del folclore. Soy comprensivo con ellos, porque la edad me ha hecho comprensivo con los prejuicios de esos de mis congéneres, al fin y al cabo, unos pobres bípedos implumes.

Pero hemos de entender que mi reflexión acerca del demonio la hubiera podido hacer perfectamente un ateo. Una vez que comprendemos el concepto de Ser Absoluto, podemos preguntarnos las posibilidades de existencia de un ser cerrado absolutamente al Ser Infinito. Es una especie de matemáticas con conceptos.

No tengo constancia de que otro humano con sotana haya jugado tanto a este ajedrez celestial como yo. De la valoración de todas las jugadas posibles (el tablero es el ser) dan fe mis libros, escritos menores y conferencias. Lo cierto es que si respondemos correctamente a la pregunta de quién es Dios, a qué Dios estamos adorando, qué Dios es posible -sólo un Dios es posible-, entonces las posibilidades se acotan extraordinariamente.

En mis libros, he llegado a la conclusión de que del mismo modo que sólo un Ser Infinito es posible, del mismo modo la cerrazón al Bien Absoluto sigue unas reglas tan fijas como las matemáticas. Sólo es posible un tipo de ser condenado eternamente. Se multiplique este tipo por millones o no, y esos individuos se sumerjan más en el abismo del Mal o menos. Todo esto me parece formidable: la altura de las cumbres del Bien y la profundidad de los abismos del Mal.

Pero eso sí, si alguno persiste en su ateísmo, calificando destempladamente de trogloditas a los que crean que hay algo más que esas células y esas moléculas, les dejaremos en el sueño de su razón. Sin duda, Dios no será muy duro con ellos. Sólo hay que tener cuidado de que no se hagan daño a ellos mismos y a otros. La Historia demuestra lo dados que son al uso de la guillotina. El siglo XX ha sido prolijo en ese tipo de mentes científicas guillotinitas.

lunes, mayo 30, 2016

Catolicismo


Catolicismo. ¿Qué es el catolicismo? No voy a contestar esa pregunta. Pero lo primero que debemos preguntarnos es cuál es nuestra idea de Dios. ¿A qué Dios estamos adorando?

De cómo respondamos a esta pregunta, quedarán respondidas otras muchas. El judaísmo y el islam responden de una determinada manera cada uno de ellos, y de allí se sigue una teología diferente. Conozco sus respuestas y consecuencias, sus razonamientos intermedios. El ritualismo y exclusivismo de los judíos depende de esa pregunta inicial. La crueldad de los ayatolás pende de esa primera cuestión. Ambos dependen de esta cuestión: ¿a quién estoy adorando?

Uno de los elementos esenciales del catolicismo es su flexibilidad. Todo puede entrar en el catolicismo, a diferencia de otras formas del cristianismo. Todo puede ser integrado en él, salvo lo absolutamente inintegrable.

Un teólogo católico se puede preguntar cualquier cosa, se puede plantear con honestidad todos los argumentos a favor y en contra de cualquier punto sin ningún límite. Santo Tomás de Aquino es un inmejorable ejemplo de ello. No necesito decir nada de Agustín de Hipona en el siglo V. No es éste el momento de hablar de Von Balthasar o Rahner en el XX.

Transmitimos una fe, pero nos podemos plantear intelectualmente todos los argumentos en contra sin que la Divinidad nos castigue. Dios no castiga la posibilidad de pensar. El intelecto es libre en el catolicismo. Nosotros abrazamos al disidente, dialogamos con él. Amamos a la persona del disidente.

Decir eso significa inexorablemente que alguien nos eche en cara la Inquisición. El catolicismo reconoce sus errores. Reconocemos nuestros fallos y tratamos de no repetirlos. Nos está prohibido echar tierra sobre la materia oscura presente en nuestra arquitectura celestial.

Nuestra concepción de Dios nos ha llevado a construir una religión que es muy distinta de la de la mayoría de los pastores evangélicos o de la cerrazón a la modernidad de no pocos ancianos obispos ortodoxos.

¿Qué es el catolicismo? Sin ninguna duda, la evolución querida por un Dios comprensivo, benévolo, que ama hasta a los ateos, que ama a los disidentes teológicos, que no amenaza con la condenación eterna con la frecuencia de algunos de sus siervos, que no truena con la facilidad con la que lo hacen algunos de sus predicadores. Adoramos a un Ser que es el creador de una religión razonable, que abraza a los pecadores, que perdona más que sus clérigos. Creer en el catolicismo es creer en una religión que evoluciona dentro de unos pocos dogmas. Es creer en la lógica, en el orden, en una Humanidad que es afortunadamente pluriforme.


Antes he dicho que no iba a responder a la pregunta qué es el catolicismo. Creo que todo depende en esencia de responder a la pregunta de a qué Dios estamos adorando. Profundizando en esa cuestión del Ser Infinito y viendo el panorama humano de las religiones, se comprende por qué puedo decir con seguridad, con orgullo, con felicidad que soy católico. 

domingo, mayo 29, 2016

Consulta acerca de las comidas y los maleficios


Hace poco recibí la siguiente consulta.
Apreciado Padre Fortea:

Mi nombre es X, soy sacerdote diocesano, con X años de ministerio. Soy de El Salvador, Centroamérica. estoy de párroco en un pueblo con una tradición indígena muy grande. Durante este tiempo se ha desarrollado una labor pastoral por parte de la Renovación Carismática. Se ha hecho mucho bien, aunque siempre hay mucho que hacer. En este pueblo, llamado X, abundan en muchas gentes  las creencias en maleficios y magia blanca, que mucha gente piensa es para curar enfermedades o males.

Me ha tocado iluminar con ayuda de sus ponencias estas realidades. Sin embargo, mi duda es sobre si el diablo o un maleficio puede entrar por las comidas. Ya que a veces cuando la gente realiza celebraciones, rezos o velaciones se acostumbra dar comidas y algunos lo que hacen es botar ese plato. Yo les digo que eso es un acto malo por la falta de cortesía. pero en realidad siempre tengo esa duda: ¿si el demonio o la influencia del mal podría entrar en una persona por la comida?  

Espero no incomodar con este mail, pero en mi diócesis no hay un exorcista o un hermano en el ministerio que tenga una respuesta a mi pregunta.

Que el Señor bendiga su Ministerio.



Estimado hermano:

Trataré de darte mi humilde opinión.

-El asunto se planteó en la comunidad de Corinto (véase I Cor 8 y 10) y mi pequeña explicación en Un Dios Misterioso (pg 52-54). La conclusión es que San Pablo enseña que se puede comer sin preocuparse:

Si un infiel os invita y vosotros aceptáis, comed todo lo que os presente sin plantearos cuestiones de conciencia (I Cor 10, 27).

Y expresamente habla, justo antes, de la comida ofrecida a los ídolos que él dice que es comida ofrecida a los demonios.

-¿Significa esto que los maleficios no tienen efecto? Para que un maleficio tenga algún efecto, tiene que permitirlo Dios. Los servidores del Mal pueden hacer cien maleficios o mil. Ni uno tendrá efecto si Dios no lo permite para nuestra santificación.

-Yo creo que los maleficios ni siempre tienen efecto, ni nunca, sino sólo a veces. Cuando Dios quiere permitir un mal para nuestro bien.

-¿Cómo protegerse? Lo que protege es la cercanía a Dios, es decir, la vida espiritual: misa, rosario, lectura de la Sagrada Escritura, adoración al Santísimo Sacramento, etc.

-¿Son buenas las oraciones de protección contra el demonio? Es bueno y beneficioso orar a Dios, a la Virgen, a los ángeles y a los santos para que nos protejan contra los ataques de los demonios. Da lo mismo que la oración sea una fórmula hecha o una oración improvisada. Úsense las medallas que más devoción den. Pero una medalla basta. El número no aumenta la protección.

Si tienes alguna duda más sobre este punto, dímelo. Esta respuesta la publicaré en mi blog, porque es mucha la gente que está muy preocupada por este tema. Yo como de todo sin ningún temor: Dios es mi padre y me protege.

Otra cosa distinta es que alguien sin protección de Dios coma algo maléfico y Dios permita que le suceda un mal demoniaco para así forzar a que esa persona (tras un largo calvario) vaya a un exorcista y así cambie de vida y se acerque a la vida espiritual. Eso ha sucedido en el pasado, sí. Pero eso no debe provocar ya el miedo en toda la población.

Un cordial saludo.

Padre Fortea

sábado, mayo 28, 2016

Ayuda (litúrgica) de los lectores

Las peticiones que he hecho en este blog siempre me han dado un magnífico (e inesperado) resultado gracias a la amabilidad (nunca suficientemente encomiada) de los lectores. Hoy os quiero pedir si me podéis encontrar los cuatro cánones de la misa en un archivo Word, PDF o en página web.

La razón es que quiero hacer un libro para las grandes ocasiones donde sólo aparezcan los canones de la misa: en grandes páginas, con letras iniciales y algunas cosas más. Un libro que tenga un aire muy medieval, con muchos detalles.

Pensaba hacerlo todo a mano, pero voy a tardar  una eternidad. Si el texto lo tengo ya, tardaré muchísimo menos y el resultado va a ser muy digno al fin y al cabo.

He buscado ese texto por todas partes, pero no es tan fácil encontrarlo. Si además de los cuatro cánones, encontráis las variantes del canon V, mejor todavía. ¡Gracias! Basta que me pongáis el link en los comentarios de este post o que lo enviéis a fort939@gmail.com

La foto que he puesto hoy es de un folio de un misal de la época de San Pío V.

Me gustaría tener un misal cuyas anotaciones marginales fueran expresión de mi amor por el Santo Sacrificio. Un misal en que sus letras capitulares hablaran. Folios grandes que expresaran la grandeza del acto de dirigirse a Dios. Venga, a ver si me ayudáis un poco.

viernes, mayo 27, 2016

Un Vaticano frente a los vaticanos posibles


En los dos días pasados reflexionaba acerca de los vaticanos posibles. A alguno le parecerá que mi reflexión era más estética que teológica. Cuando era estudiante de teología mi pensamiento estaba centrado en los conceptos. Ahora comprendo mucho mejor la relación entre estética y teología es más profunda de lo que entonces imaginé. Normalmente, quizá siempre, la solución más estética es la teológicamente más correcta.

Los años me han vuelto más comprensivo con los heterodoxos. Aunque me atrevo a pensar que ahora amo más la ortodoxia que antes. Los años me han hecho más flexible, mucho más flexible. Pero mi amor por la verdad no ha disminuido. No me he vuelto relativista, no, tranquilos. Pero me parece que ahora comprendo mejor el querer de Dios respecto a nosotros. La frase de ser más papistas que el Papa, podríamos aplicarla a Dios. Algunos quieren ser más rectos que Dios.

No he escrito las anteriores líneas pensando ni en Amoris laetitia ni en ninguna cuestión moral. Lo he pensado en abstracto. Mi pensamiento tenía en mente más bien la teología en general.


Lo repito, no creo en el relativismo. El relativismo es, desde un punto de vista lógico, un camino imposible. En pasados post he puesto la foto de Rowan Williams por la sencilla razón de que le admiro. Es un hombre profundo, muy profundo, que ha buscado la verdad. Puedo diferir en algunas conclusiones a las que él ha llegado. Pero me siento muy cercano a su persona, a su mentalidad. 

Sea dicho de paso, la relación que ha existido entre ese arzobispo de Canterbury, el Patriarca de Constantinopla y Benedicto XVI es algo que no ha dejado de sorprenderme año tras año. Era una relación teológica casi idílica. Rowan ha renunciado, el Patriarca ya está muy anciano. ¿Cuántos años tendrán que pasar hasta que haya una sintonía tan perfecta, tan respetuosa?

miércoles, mayo 25, 2016

Reflexiones sobre Neovaticano II: la Iglesia puede seguir muchos caminos


He releído mi post de ayer. Sus erratas ortográficas son la prueba de que, a veces, tengo poco tiempo y no puedo hacer ni una segunda lectura. En ese sentido, mis post sí que son verdaderamente pensamientos: espontáneos y no repasados.

 Pero volviendo al tema de ayer, en todo esto, veo una simetría muy notable con la biología. La cual crea ranitas pequeñas y encantadoras, aunque también colosales dinosaurios que son el asombro de hasta donde se puede llegar en el desarrollo de las leyes que rigen la anatomía. Dios ha creado la rosa y la secuoya, el faisán y el gorrión.

No tengo la menor duda de que la Iglesia no seguirá un camino único. También es curioso que una persona como yo, que llevo una vida nada encorsetada por el ritualismo, me complazca en crear ese tipo de construcciones inmateriales ceremoniales que tantas veces he expresado aquí.

Releyendo el post de ayer, puedo explicar más un punto. Yo no abogo por una Curia que va por libre, por una Curia autónoma, no. Pero la Curia no es un órgano al servicio del Santo Padre. La Curia está al servicio de la Iglesia bajo el gobierno del Santo Padre, que no es lo mismo.

Es decir, sin cambiar el estatus eclesiológico de la Curia, podemos tomar decisiones que le concedan una presencia más sustancial en la Iglesia (sin mandar más sin intervenir más), o hacer de ella un órgano casi invisible que apunta de forma casi exclusiva a la persona del Santo Padre.

Es decir, del mismo modo que no me gustaría una Iglesia centralizada, tampoco creo que lo ideal sea una curia vaticana centralizada. Honestamente, lo digo con sinceridad, no creo que ahora lo sea. Pero debemos profundizar más en una especie de eclesiología de la Santa Sede. Hay tenemos las excelentes declaraciones del Cardenal Müller cuando dijo con toda razón: No me eligieron para ser una copia servil del Papa.

Lo que he dicho en este post puede parecer innecesario. Pero de estar en ese puesto de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe una persona u otra, cambiaría la actuación ante cuestiones verdaderamente esenciales.

¿La curia vaticana que tenemos ahora es la única curia posible? La respuesta es no. Se pueden hacer más cosas que simplemente elegir a las personas. Aquí quiero recordar modestamente mi libro El león y las llaves o una novela mía con cuya escritura disfruté mucho: Torres góticas. No creo que haya tampoco muchos sacerdotes que le han dado tantas vueltas al tema de la líneas teológicas que pueden regir el desarrollo de la Santa Sede. 


Aunque, lo reconozco, yo en eclesiología tiendo subconscientemente un poco al medievalismo y a un cierto arqueologismo.

martes, mayo 24, 2016

Reflexiones sobre Neovaticano: reimaginando la cabeza de la Iglesia


El post de ayer tuvo mucho éxito. Nunca volveré a dudar de vuestras aficiones funerarias. Vuestras perversiones de carácter pontificio, a veces, me preocupan. Aun así, me gustaría hacer algunas reflexiones posteriores. ¿Creo que la Iglesia en el futuro será ritualística, rígida y llena de formalidades? No.

Mi opinión es que la Iglesia será todo lo que pueda ser. Es decir, que desplegará todas las posibilidades de su ser, desde la sencillez más absoluta hasta la magnificencia más extrema, desde el mayor minimalismo posible dentro de la ortodoxia al barroquismo más desbordado pero todavía dentro del sentido común.

Y aunque creo esto, en mi obra Neovaticano exploro una posibilidad que no he leído en ningún otro autor. La posibilidad de diferenciar de forma clara algunos elementos eclesiales que ahora están mezclados, mezcla que les obliga a andar a la par y a mantenerse en un razonable término medio.

En mi libro quedaban diferenciados la persona del Santo Padre, la Curia Romana y el enclave del Celio. En Neovaticano la Curia no se agranda más en sus dimensiones ni atribuciones, pero sí que adquiere una presencia eclesial más clara, más sustancial. No manda más ni interviene más, pero queda más claro que la Curia no es una mera extensión del pontífice, es más como un órgano del cuerpo. Algo así como lo que ha dicho el cardenal Müller. Aunque no lo haya dicho tan claramente como yo sí que puedo decirlo.

Pero para acabar de hacer más interesante el panorama de lo posible, en mi obra la Curia está enclavada físicamente en el centro del Celio. Distinguiéndose completamente entre la Curia y el Celio.

De esta manera, proponía en Neovaticano una Curia que era un elemento estéticamente a medio camino entre el Papa (que puede optar por vivir del modo más sencillo posible en el Vaticano) y el Celio que por su naturaleza era el escenario planetario de grandes liturgias y un entorno propicio al desarrollo de rituales y protocolos.

Creo que la relación dinánica entre estos tres elementos sería apasionante. La persona del Papa que será lo que quiera ser con toda libertad: sencillo o barroco, ritual o espontáneo, tradicional o innovador. La Curia como organo de servicio a la Iglesia a través del seguimiento de las directrices de gobierno dadas por la persona del Santo Padre. Una Curisa cuyos miembros contarán con gran margen de libertad para seguir una línea estética u otra, una línea papal o una línea más célica. Y, finalmente, el Celio como entorno de la Curia y que tiene un encargo muy concreto dentro de la Iglesia, el encargo de formar un verdadero microcosmos cultual.

Estas diferencias estéticas pueden ser símbolo también de diferencias de aproximación a los problemas y cuestiones eclesiales. Por citar un ejemplo, la posibilidad de un Papa reformador, una curia más tradicional y un Celio totalmente conservador.


Neovaticano me pareció una obra de experimentación eclesial. La hipótesis de una compartimentación de la Cabeza de la Iglesia: la persona del Santo Padre, sus colaboradores que forman la Curia, y el escenario donde se desarrolla la actividad de esos dos primeros elementos. Escenario que en Neovaticano pasa a ser un elemento sustancial.

Este momento, pensando estas cosas tan importantes, es el momento perfecto para comerme una pizza mediana de pepperoni, aceitunas negras y pimiento morrón. Compruebo que el capítulo de Los Simpson es, lamentablemente, repetido. Muy repetido.

Protocolo a la muerte de un Papa






















Tres días atrás, hice una pequeña añadidura a la más loca de mis obras, la más excesiva: Neovaticano. Era el protocolo, dividido en diez pasos, que se seguía en ese libro cuando moría un sumo pontífice en el Celio. Os participo esos diez pasos. Tomaos esta orgía ritualística con cierta indulgencia, a partir de los 45 años mis neuronas comenzaron a ejercer sus funciones de un modo progresivamente más caprichoso.

Levantamiento del acta: En cuanto el médico advierte que el Romano Pontífice ha fallecido, se llama a un protonotario apostólico para que levante acta oficial de la muerte. El protonotario con dos testigos le golpeará con un martillito la frente llamándole tres veces por su nombre de pila. Si no contesta a la tercera vez, se levantará acta en el mismo dormitorio.

Toque de las campanas: Sólo una vez que el acta esté firmada por los tres y sellada, el protonotario dará orden para que las campanas del basilicarión tañan con el toque fúnebre. Éste será el modo de anunciar al mundo la muerte del obispo de Roma. Todas las campanas del Celio se le irán uniendo paulatinamente. Desde ese momento, la Guardia Romana irá cambiando sus uniformes por los de luto.

Traslado de los símbolos: Dada la orden de tocar las campanas, el protonotario recoge tres objetos que siempre deben hallarse en el apartamento papal: el Anillo del Pescador, las Llaves Petrinas y los sellos pontificios. El protonotario, escoltado por treinta soldados de la Guardia Romana, se dirigirá al archivo del Claustro Central con esos objetos.

Primer responso: Mientras tanto, se reza el primer responso en el dormitorio papal. Responso solemne en el que participan unos quince clérigos, y cuyas ceremonias y plegarias está especificadas en todos sus detalles en un bello ritual de grandes páginas. Ese primer responso queda a cargo de los sacerdotes más íntimos y los que están presentes en el palacio en ese momento.

Despliegue de los pendones negros: Acabado el primer responso, mientras suena el tañido fúnebre de las campanas, el Prefecto de la Casa Pontificia da orden de que se cuelguen los largos pendones negros de las ventanas del palacio. Acto seguido se hará lo mismo en las ventanas del edificio de la Curia y en los dos grandes arcos de la fachada del Basilicarión.

Anuncio desde el balcón: Tras extender los pendones, el Prefecto de la Casa Pontificia saldrá al balcón de la Archibasílica a dar la noticia al mundo de viva voz. La plaza del Basilicarión se ideó para dar avisos al orbe, por eso se da la noticia desde allí, comenzando el anuncio con las palabras latinas: Vere Papa mortuus est.

Destrucción de los sellos: En una sala del edificio de la Curia, ante testigos, el protonotario levantará acta de la destrucción de los sellos. Sobre el acta se sellará por última vez con el sello de tinta y con el sello seco, para que el acta muestre en el futuro que eran los sellos auténticos. Acto seguido, a la vista de todos, se destruirán allí mismo con el martillo ritual que se emplea para llamar a la puerta del Basilicarión.
Tras eso, en una cámara acorazada, se guardarán el anillo y las llaves petrinas. El anillo no se destruye, pues no sirve para sellar. El día previo al inicio del cónclave, tanto las llaves como el anillo se llevarán al Claustro Cardenalicio.
Acabado el primer responso, saldrán todos. Se quedarán las personas encargadas de limpiar el cuerpo del difunto y revestirlo con amito, alba y cíngulo.

Segundo responso: Cuando esté revestido con esa vestidura que simboliza su bautismo, interrumpirán la vestición para que entre el segundo grupo de clérigos que rezará el segundo responso. De este segundo responso se encarga la comunidad de frailes benedictinos del Claustro Central. Tras ello le revestirán con el resto de ornamentos pontificales.

Tercer responso: Al acabar la vestición, entra el tercer grupo de frailes que reza el tercer responso. De este responso se encargan los frailes cistercienses del Claustro Central. Finalizadas esas oraciones, se traslada el cuerpo al vestíbulo del Palacio.

Sellado de los apartamentos papales: En ese momento se sacan los elementos médicos del dormitorio así como las sábanas. Y sin más dilación, un protonotario sella las dos entradas a los apartamentos papales. Las dependencias papales de los tres palacios apostólicos del Celio sólo tienen cada uno de ellos dos puertas de entrada a las dependencias papales. Esas puertas son cerradas con llave, después se corre una cinta por los pomos de bronce y sus extremos se sellan con un sello metálico. Las llaves las custodiará un protonotario hasta que haga entrega de ellas al Camarlengo.
Acabados estos diez pasos, se considera finalizado el protocolo inmediato a la muerte de un pontífice y ya comienza el luto de los novemdiales.
        
Este protocolo tiene una particularidad, si el sumo pontífice muere entre las 00:00 y las 8:00, el anuncio del fallecimiento no tendrá lugar hasta las ocho de la mañana. La razón es que no tiene ningún sentido despertar a todos los habitantes del Celio con las campanas, ni tampoco privar del sueño a las numerosas personas necesarias para poner en marcha todo el protocolo explicado. Con el, así llamado, respeto del silencio de la noche se evita también que muchos periodistas tengan que estar haciendo guardia toda la noche para dar la noticia. Sin contar con que siempre hay personas en sus casas que sin duda irían retrasando un poco más el irse a la cama, por la curiosidad de esperar a ver si dan la noticia.

Para evitar todas estas cosas, si el Papa muere en ese intervalo de tiempo, los presentes rezarán un responso y se irán a dormir. A la mañana siguiente, el Prefecto de la Casa Pontificia avisará al protonotario apostólico para que levante acta de manera que el anuncio se pueda dar exactamente a las 8:00 en punto con el tañido de campanas. Ni siquiera hay razón para que el protonotario tenga que levantarse en mitad de la noche. No pasa nada por el hecho de que corran rumores por el Celio o el mundo antes de esa hora. Estos sólo se confirmarán o no a la hora determinada con el toque fúnebre de las campanas, seguido del despliegue de los pendones negros de las ventanas del Palacio.

lunes, mayo 23, 2016

Esos prejuicios posconciliares, cuando nos libraremos de ellos












































































Ayer hablaba de un modo jocoso de algo serio, los símbolos. Si me lee alguien del Vaticano, le pediría que reparara en un pequeño detalle: las fotos de las ceremonias papales en San Pedro del Vaticano nunca salen con el color, textura y definición con que aparecen las fotos, por ejemplo, de la ceremonia de apertura del parlamento británico.

Cualquier experto en fotografía podrá explicar la diferencia de calidad entre unas fotos y las otras. Desde hace años no deja de sorprenderme la dureza y frialdad de las fotos vaticanas, sin que vea que eso tenga visos de arreglarse. Sin contar con el carácter artístico de las fotos inglesas citadas como ejemplo no tiene nada que ver con el tono anodino de las fotos de las ceremonias papales.

Dejando aparte el tema de las fotos, después está el mismo uso de los símbolos. El uso de estos en el parlamento británico es magistral. En Roma, son muchos los fallos que he mencionado en este blog (y los que no he mencionado) que no resistirían una comparación.


Pero hay dos diferencias radicales entre la monarquía inglesa y los encargados de determinados asuntos pontificios. Una diferencia me la guardo en mi augusto pecho, la otra es que en Roma se tiene todavía la sensación de que como hay muchos pobres en el mundo, tampoco hay que pasarse en esto de la belleza, aunque eso suponga simplemente cambiar las texturas de las fotos.


sábado, mayo 21, 2016

Tarde feliz


Ah, que tarde tan agradable almorzando con una familia de amigos. La deliciosa tarta de calabacín con piñones recién sacada del horno, la tierna merluza con guarnición de almejas y la mejor tarta de manzana que he tomado en mi corta vida no son nada al lado de las placenteras horas que he pasado con ellos charlando y bromeando. Horas felices con su hija mediana de diez añitos (creo) sentada junto a mí en el sofá y reposando, de tanto en tanto, su cabecita sobre mi pecho mientras hablaba con sus padres. Sólo he echado de menos un gato ronroneante que acariciar mientras estábamos de sobremesa en ese sofá.

En un momento dado me han preguntado qué libro mío aconsejaría para una niña de esa edad: ¡Summa Daemoniaca!, he respondido sin dudar.

Como a mí no me gusta el vino, hasta han tenido el detalle de comprar una botella de Agua de Vichí que es el agua más rica de toda la península. Creo que como agradecimiento debería escribir alguna obrita corta para niños. No sé, una historia de cardenales o algo así. A los niños les encantan las personas vestidas con trajes raros. Los cardenales pueden servir.

Precisamente por eso he llevado mi sombrero, para que la niña jugara con él. A los infantes les gustan mucho los sombreros. A veces pienso que mi sombrero clerical lo he comprado más bien para solaz de los niños. Lo que les gusta.

Todos somos un poco niños. Por eso creo que el Papa Francisco se debería dejar de escrúpulos y ponerse todos los complementos papales. Como el Kent (de Barbie), todos los complementos. Debería hacerlo pensarlo en todos los niños del mundo que somos nosotros.

También es verdad que no le pega. Parecería puro teatro, un postizo. Hay personas a las que les pega una tiara y otras no. Como decía mi abuela: A fulano le pega eso como a un santo dos pistolas. No, ciertamente al Papa actual no le pega.

Post Data: ¿Se puede no querer a un cura con una cara tan tierna como el de la foto? Hasta Podemos se va a replantear su relación con la Iglesia tras ver la foto.

viernes, mayo 20, 2016

Heredarás el viento


Me alegro mucho, muchísimo, de que un juez haya permitido asistir al partido de mañana con la bandera independentista, la estelada. La Justicia no está para obligar a los demás a hacer lo que piensa la mayoría, sino para obligar a todos al imperio de la racionalidad. La Justicia sólo se debe a la razón, no al número de votos ni a la estadística ni a la defensa de los valores más ampliamente aceptados.

Estoy tan convencido de eso, que no tengo la menor duda de que nosotros los sacerdotes debemos ser los primeros en reconocer que gustosamente estamos sometidos a los tribunales. ¿Qué otra cosa podemos desear más que que se haga justicia, aunque sea condenándonos? Nadie está excluido de ello, ni los obispos ni los arzobispos ni los cardenales. El Papa sí porque vive en un país independiente. Así que a él, como excepción, desde un punto de vista meramente jurídico, sólo le juzgará una justicia que no es la de este mundo.

Pero el resto debemos enorgullecernos del sometimiento al Estado de Derecho. Y por eso sufro al ver cuando se hiere a la Justicia. Cosa que sucede en todos los países del mundo, en todas las épocas, porque la Justicia siempre ha estado y está amenazada.

El ciudadano medio de todas las naciones no suele amar la justicia de su país. Porque el ciudadano común piensa que los tribunales están ahí para darle la razón. Y si la propaganda les azuza sabiamente, si se les toca los resortes adecuados, a los ciudadanos lo que les gusta es la turbamulta, el linchamiento, ¡la mano dura!


El Pueblo ejerciendo como juez siempre ha sido una de las expresiones más deleznables del fascismo de izquierdas. Los dictadores siempre han estado encantados de esos tribunales populares. Nunca les han fallado. 

Sinceramente, me hubiera gustado ser juez. Nunca he deseado ser ni astronauta ni marino ni policía ni actor ni músico ni cantante ni buzo. Pero sí que hubiera disfrutado siendo juez. Sea dicho de paso, tengo una novela titulada El juicio que puede ser leída en Biblioteca Forteniana. Una novela muy bonita por cierto.

Qué bonito es cuando los curas nos reunimos todos juntos


Hoy hemos tenido una comida todos los sacerdotes de la diócesis por ser la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. ¿Qué conclusión eclesiológica he sacado de este día? Pues la de que al clero nos persigue la tarta barata de bizcocho y nata vayamos al restaurante adonde vayamos. No importa en qué local de restauración nos refugiemos, allí nos estará esperando esa masa compacta de harina rellena de colesterol color blanco.

Pero ésa ha sido la única nube gris en medio del cielo azul primavera de este día. Primero de todo, celebro muchísimo el lugar donde nos hemos reunido: ha sido un acierto total. El clero se ha hecho lenguas de lo atinado de la elección. Son pocas las veces que nos reunimos para celebrar algo. Hacerlo donde lo hemos hecho, un lugar moderno y bonito, ha sido una magnífica elección llena de gusto. Un local sin lujos, pero agradabilísimo.

Además, nos hemos reunido bajo una carpa. La idea de tienda tenía para todos nosotros evidentes reminiscencias bíblicas. La comida, ¡otro acierto! Nada caro, nada que nos averguence ante nuestros feligreses. Pero sin ser caro el sitio ha suscitado la unánime aprobación de coadjutores y capellanes, de vicarios episcopales y canónigos, de los del Opus y de los del Camino. La dieta no era la del rey Baltasar: salmorejo de primero, y carne guisada de segundo. Todo presentado muy bien.

Ni un palabra puedo decir de lo que haya precedido a la comida, yo tenía guardia en el hospital. Pero al clero sencillo, noble, hecho a estrecheces, hoy, gracias a la comida, se le veía contento, se le veía reír y contar chistes. Desde este humilde post felicito a los que han tomado la decisión gastronómica. Pero el postre, ese postre, ¿qué hay que hacer desde este blog para que no vuelva a aparecer en el menú?

Hace cuatro días tomé un flan delicioso. No era un flan normal, era la Gioconda del mundo del flan. Otra posibilidad, humilde pero honrada, es el arroz con leche. Hasta preferiría una simple taza de chocolate marca Ram antes que esa tarta masónica de todos los años.

jueves, mayo 19, 2016

Tratar de ganar tiempo cuando el Destino ya viene a por ti










Hoy estamos en Venezuela. Este blog no podía no acompañar a todos esos millones de personas que están haciendo Historia. 

Debe ser una sensación muy intensa la de que las tablas del suelo se te están hundiendo bajo los pies. Que te mueves y mueves, pero todo se está viniendo abajo. Ese momento en que sabes que no hay ningún punto firme en el que te puedas apoyar, ninguno sobre el que te puedas mantener de pie.

Siempre puedo negociar, siempre puedo ceder en algo. Hasta que llega ese impresionante momento en que no hay nada que negociar, en que ya nadie pretende que cedas nada.

Esa hora del reloj en que ya no tienen demasiada importancia las órdenes que des, porque ya nadie obedece tus órdenes. Ese día en que te quedan pocos leales y esos pocos leales se han convertido en traidores. Vivir en un país en el que todos son traidores. Esa angustiosa sensación, nunca antes experimentada, de vivir en un país que se ha convertido en un gigantesco coto de caza con una sola presa.

Haber estado convencido de que siempre te quedan muchas puertas por las que escapar dignamente a otros lugares lejanos, y descubrir que esas puertas están cerradas por dentro. Todas las puertas de salida están cerradas porque vivo en un mundo de cobardes. Vivir en un mundo de cobardes sin poder salir de un país de traidores.

La experiencia de tantos bastiones inexpugnables caídos nos recuerda que las agonías de los regímenes nunca son largas. No importa las locuras que esté dispuesto a hacer un monstruo, no importa el baño que se quiera dar, la Historia señala lo fugaces que son los últimos momentos, como todo se precipita, como todo estaba más a la vuelta de la esquina de lo que parecía.

Siempre recordaré, hasta el menor de los detalles, a Ceausescu moviendo los dos brazos en su último discurso, tratando de hacer callar a la multitud. Sus gestos de impotencia, sus ojos que veían lo que jamás pensó que vería. Desde ese balcón fue directamente a un helicóptero. Pero ya era tarde. Después de tantos años era tarde. Pudo haber cambiado las cosas durante años, pero no en el último día.

Este tipo de gente siempre se refugia en un cuartel militar. Sin darse cuenta de que ya es demasiado tarde. 

miércoles, mayo 18, 2016

Historia del galero cardenalicio


Durante años he tratado de resolver una duda cuya respuesta no encontraba en ningún libro: ¿en qué posición iban las borlas cuando los cardenales portaban el galero? Año tras año he mirado pintura tras pintura de todas las épocas para resolver esta cuestión: ¿las cinco filas de borlas iban colgando en la espalda o sobre el pecho?

En los últimos años la respuesta a esta pregunta me iba quedando clara. Pero los cuadros y grabados no acababan de darme una prueba definitiva, pues los que mostraban con claridad donde iban las borlas eran demasiado tardíos. Mientras que las tablas e iluminaciones más antiguas mostraban bien el galero, pero no las borlas.

Pero, por fin, tras ver la tabla del siglo XV, atribuida a Diego de la Cruz, titulada Virgen de la Misericordia con los Reyes Católicos y su familia ya todo está claro. Esa tabla es la prueba definitiva. Así que paso a dar las conclusiones.

Primero se llevó el galero sin borlas como símbolo del cardenalato. Pero un sombrero con ala tan amplia tiene el inconveniente de que el viento lo echa a volar con facilidad. Eso sucede con incómoda frecuencia incluso con el saturno clerical que es mucho menos ancho. A poco viento que haga, los sacerdotes llevaban y llevan el saturno sobre la cabeza pero ligeramente sujeto con una mano.

Así que pronto el galero llevó un cordón en la parte delantera. No un cordón ceñido a la barbilla, lo cual es incómodo. Sino un cordón que colgaba del pecho. Con eso el sombrero quedaba sujeto si había un golpe de viento y nunca caía al suelo. A menos que la dirección del viento fuera exactamente desde las espaldas hacia delante. Pero si se desviaba un poco de esta dirección, la barbilla detenía el cordón, y el sombrero caía de nuevo sobre las espaldas.

Con el paso del tiempo, el cordón se embelleció con una borla. Sin duda, al principio, fue sólo una y grande. Era una mera cuestión ornamental. Después se añadieron algunas borlas más, sin establecerse un número fijo. La razón de que tuviera más borlas el galero se debía a que, al ser un sombrero grande, era preferible llevar algo que hiciera de contrapeso al galero si éste se echaba a la espalda. Ya que, de lo contrario, el sombrero se iba hacia abajo y el cordón quedaba incómodamente pegado a la barbilla y haciendo presión sobre ésta.

Pero si el número de borlas superaba al peso del galero, entonces el galero quedaba pegado al cogote de un modo estético,  un modo tantas veces reflejado en las pinturas. Pero el numero de franjas de borlas nunca debió superar las tres filas. ¿Por qué? Pues porque más allá de tres filas, las borlas ya no son distinguibles formando una melena única por mero efecto de la gravedad.

Además, el problema no es que las filas ya no sean distinguibles, sino que, además, esa melena de borlas acaba siendo demasiado larga. Por muy pequeñas que sean las borlas, esa ristra llegaría hasta las rodillas. El resultado es incómodo y nada estético. Sin contar con que una melena así acaba arrastrándose a menudo, sea porque el cardenal se arrodilla, sea al poner y quitar el galero de su cabeza.

Por eso, mientras el galero fue una prenda usada, los cardenales o llevaban un cordón acabado en una única borla o tres filas con seis borlas en total.

Pero alguien tuvo la idea de establecer una correlación heráldica entre las franjas de borlas y el rango eclesiástico. El simbolismo era ingenioso y bello, tuvo universal aceptación.

La solución más equilibrada para crear ese símbolo heráldico fue la de colocar las borlas alrededor del escudo en dos ristras. No hubiera sido lo mismo colocar una sola ristra a un lado. El resultado hubiera sido desequilibrado estéticamente hablando.

En el siglo XV, cuando el origen de todo esto ya estaba muy olvidado, fue cuando comenzaron a aparecer galeros que llevaban dos ristras de borlas. La realidad imitó a la heráldica. Pero si observamos los cuadros del siglo XV y posteriores, queda probado que cuando un cardenal llevaba puesto un galero éste tenía sólo un cordón sin borla, o con una borla o con tres filas como máximo. Las tablas en las que aparecen galeros con las cinco filas, son tablas que muestran el galero colgado de una pared o en otro lugar que no es la cabeza del purpurado.

Y es que el galero con dos ristras de borlas era inmanejable. Sencillamente se trataba de un objeto carente de equilibrio. Además, si las borlas hubieran caído por la espalda, las ristras hubieran ido arrastrando por el suelo. Si se ponían sobre el pecho, su peso inclinaría el galero hacia delante. El asunto, se mire como se mire, no tiene solución.

El galero en el siglo XX se había convertido en un símbolo usado únicamente en la imposición de ésta insignia al neocardenal. Pero en esa época ya no se usaba fuera de esa ceremonia. De hecho, la parte del capelo en la que se metía la cabeza era tan pequeña que sólo estando completamente quieto se mantenía ese sombrero en su sitio.


Otro aspecto curioso de todo este asunto es que la vida imitó de nuevo a la heráldica, y algún obispo italiano usó su galero episcopal. Debió pensar: si aparece en los escudos es que alguna vez se usó. Cuando, en realidad, los obispos y los arzobispos nunca habían usado un sombrero tan amplio como el capelo. El cual por su forma era una insignia cardenalicia, con o sin borlas. 

Pero no sólo eso, sino que los contados obispos que se animaron a usar alguna vez galero lo usaron con dos ristras de borlas. Afortunadamente, esta imitación de la heráldica totalmente inaudita en la Historia no tuvo apenas seguidores.



martes, mayo 17, 2016

He vuelto de Silos


He venido ayer de dar dos charlas en la abadía de Santo Domingo de Silos. Algunos leen El nombre de la rosa, a mi me toca, de tanto en tanto, recorrer esa novela en la realidad. Capítulos de edificios reales con monjes reales.

Una charla la di a los oblatos, la otra a los monjes de la comunidad. No es éste ni el lugar ni el momento de explicar que es un oblato.

Ha sido una estancia agradabilísima en medio de una comunidad de más de treinta monjes. Es curioso, en los rostros de algunos monjes se notaba de modo especial como brillaba la luz de la bondad y el recogimiento en Dios.  Una comunidad de almas moviéndose alrededor de un claustro que es una obra de arte perfecta. Un exponente de belleza tan admirable que me extraña que no haya sido derribada. Siempre hay algún progresista para el que el claustro se interpone entre él y sus sueños.

Pero si el claustro era una gran obra de arte, había algo más interesante que el claustro. Como le decía hoy a un amigo profesor de universidad: Lo más interesante de un monasterio es su comunidad. Cada comunidad de monjes es un microcosmos completamente único e irrepetible. 

También conocí a la gata de la comunidad. Encontrada por los montes cuando era una cachorra y recogida caritativamente. Ella se encarga, sobre todo, de patrullar la huerta.