lunes, octubre 31, 2016

Excursión de este domingo: el hayedo de la Pedrosa


Hoy hemos dado un largo y agradable paseo por el hayedo de la Predosa en Riofrío. El bosque otoñal estaba espectacular con sus colores amarillos. Una de mis acompañantes se ha llevado dos setas para cocinarlas. Mañana comprobaré si viene a misa. Durante el viaje de ida hemos charlado largamente acerca del momento exacto en el que se infunde el alma en los niños y de las tasas que algunos curas cobran por las celebraciones matrimoniales.

Después de mover mis kilos (todos y cada uno de ellos) monte arriba, del cambio horario y de todas las discusiones teológicas del coche, yo tenía mucha hambre. Mientras caminábamos de vuelta hacia el coche, llevaba un buen rato imaginando un par de huevos con patatas fritas como almuerzo campestre. El primer pueblo que nos caía de paso nos ha provisto a todos de ese plato generosamente, menos una de las nuestras que ha preferido alitas de pollo.

Al volver a casa, he visto que las aguas están muy revueltas con la declaración conjunta entre luteranos y católicos. Mañana hago propósito de leer el documento y dar mi opinión.

Ahora me apresto para irme a la cama. ¿Qué nuevas aventuras eclesiales nos traerá el día de mañana? Sólo el Papa Francisco y el cardenal Burke pueden responder a esa pregunta.

sábado, octubre 29, 2016

Explicación a un detalle de mi último libro


Hoy os ofrezco dos novedades. La primera es que he puesto a disposición de todos en Biblioteca Forteniana un libro titulado Ex Scriptorio. Es una recopilación de algunos de mis artículos. 

Me ha parecido bien a estas alturas reunir una selección de los mejores en una sola obra. Por un lado para facilitar el que pudieran ser encontrados por los lectores interesados. Y por otra parte, para que puedan ser citados por aquellos que desearan incluirlos en alguna obra académica.


La segunda novedad, también disponible en el mismo link, es que he rehecho la parte de María en la misa en mi libro Las aguas vivas que borbotean. Esa parte está pensada para que el sacerdote y los fieles se acuerden de María a lo largo de la misa en diecisiete momentos.


Siempre pienso que este libro sobre la misa es uno de los más útiles que he escrito. Aunque sea el autor, lo veo como un libro santo. Porque, en el fondo, es un libro de apuntes míos. Un libro que es el resultado de muchas inspiraciones. Nunca lo hubiera podido escribir yo solo con mi razón. 

Me dice un lector mío, algo enfadado, que en el infierno de mi último libro, Las corrientes que riegan los cielos, sólo he puesto un hábito religioso: el dominicano. Querido lector, (probablemente eres dominico), eso tiene una muy fácil explicación: se trata de un jesuita que siempre envidió la belleza de vuestro hábito. Esto lo sé muy bien, porque soy el autor del libro. Se trata, digámoslo así, de una explicación oficial.

Página de un misal del siglo XIV


Hoy quiero hacer una sugerencia a mis hermanos sacerdotes. Durante la mayor parte de mi sacerdocio he usado los cuatro cánones de la misa. Normalmente los uso por orden, uno cada día. Al cabo de tantos años, puedo decir que he celebrado el mismo número de misas con cada uno de ellos.

Pero debo reconocer que no usaba los cuatro cánones en la parte posterior del misal bajo la denominación genérica de canon V, así como los dos cánones de la reconciliación. No los usaba por ninguna razón concreta, sino simplemente porque me había olvidado de ellos. Sé que puede parecer una razón bastante tonta, pero ésa era la verdad.

Desde hace tres años, los he incorporado a mis misas diarias. De manera que celebro con los diez cánones, uno cada día, salvo que haya un prefacio propio para ese día. Esto ha supuesto un enriquecimiento de mi celebración. Francamente, prefiero celebrar con diez cánones y no sólo con cuatro. Y más cuando estos últimos seis incorporados son tan bellos.


Estas líneas son sólo una sugerencia a mis compañeros sacerdotes a que usen esta riqueza litúrgica y también las misas votivas, así como las que hay por distintas necesidades. En mi caso, esta diversidad ha mejorado la devoción con la que celebro la misa.

jueves, octubre 27, 2016

Sobre el modo de vestir de un Papa emérito


Para los que hayáis leído el larguísimo artículo de ayer, comprenderéis que considero sumamente acertado que un Papa emérito siga vistiendo exactamente igual que cuando era Papa reinante, que conserve el mismo nombre, el tratamiento de Su Santidad.

Soy de la opinión de que lo más conveniente es que siga llevando el Anillo del Pescador, por las razones que aduje ayer en el artículo. También considero que debería haber un Anillo del Pescador institucional que se le impusiese en la Capilla Sixtina nada más ser elegido. Aunque después se hiciese otro anillo personal a medida y con el diseño que desee, además de su nombre como Sumo Pontífice. El anillo institucional sólo lo debería llevar el pontífice reinante.


Otra cosa que, en mi opinión, no debería llevar un Papa emérito es la tiara, en el caso de que ésta retornara. Tampoco llevaría el palio, porque no lo portan los arzobispos eméritos.

Puestos a descender al detalle (este blog es muy dado a ello) en ese vestir igual a cuando era Papa, se incluiría el mantello rojo. Pero considero que sería mejor reservar la estola pastoral y la muceta roja de armiño para el Papa reinante.

miércoles, octubre 26, 2016

Dos Papas, dos formas de ministerio


Hoy os ofrezco un largo artículo que escribí hace poco. Es verdaderamente largo, pero no he querido cortarlo, sino ofrecerlo en su integridad. Cada uno que lea mientras le interese. Pero, de verdad, que considero que es un tema importante. También ofrezco las referencias bibliográficas, por si alguno necesitara el artículo para citarlo:

José Antonio FORTEA, Ex Scriptorio, Editorial Dos Latidos 2016, pg. 3-12.
Esta obra se puede encontrar en el fondo online de BIBLIOTECA FORTENIANA.


Dos Papas, dos formas de ministerio

Monseñor Georg Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia, el 20 de mayo, tuvo una intervención en la presentación de un libro acerca del pontificado de Benedicto XVI. En esa intervención, dijo unas pocas frases que dieron la vuelta al mundo eclesiástico, afirmando que el Papa Benedicto no ha abandonado el ministerio de Pedro, y hablando de un papado en el que hay un miembro activo y un miembro contemplativo.
No oculto que, en un primer momento, tuve una impresión de desagrado hacia sus palabras. ¿Cómo era posible que el Prefecto de la Casa Pontificia difuminara la nitidez de una renuncia pontificia, una cuestión canónica de gravísima trascendencia para la vida de la Iglesia?
Pero en los días siguientes seguí reflexionando sobre el tema. Y me di cuenta de que monseñor Gänswein había abierto un apasionante tema eclesiológico totalmente nuevo, nunca tratado antes con la hondura que merecía. Un tema que, además, podía ofrecer una utilísima luz a otro campo, el de la teología del episcopado. Después de darle muchas vueltas a este asunto, me encontré con que del desagrado pasé a suscribir enteramente las palabras de Prefecto de la Casa Pontificia. Este artículo quiere ser una profundización en sus brevísimas frases y del por qué de mi cambio de opinión.
Hay que dejar claro, desde el principio, que el único que tiene potestad de jurisdicción es el Papa Francisco. Rotunda e indudablemente, el Papa Francisco es el único Vicario de Cristo. A él le compete el gobierno de la Iglesia. El asunto de quien gobierna la Iglesia es algo canónicamente tan incontestable que no merece que se le dedique más espacio que la mera afirmación: la plenitud de la jurisdicción papal le compete sólo a nuestro santo padre Francisco, le compete a él de forma plena e indivisa.
Ahora bien, ¿cuál es el estatuto eclesial de un Papa emérito? ¿Un estatuto de honor exclusivamente? ¿El ser otro obispo más como cualquier otro? Las cuestiones eclesiológicas, sobre todo cuando son muy complejas, siempre se dilucidan mejor mirando a la institución humana de la familia, porque la Iglesia es una familia.
Un abuelo que deja el gobierno de la casa y de sus campos con sus viñadores en manos de su primogénito ¿ya no es nada? Pensemos con la mentalidad del Antiguo Testamento, una figura patriarcal que, por la edad, ni gobierna ni puede gobernar su casa ¿ya no es nada?
Sin responder todavía a esta cuestión tras la comparación propuesta, enfoquemos el asunto de otra manera: Un obispo emérito de una diócesis, una vez que se jubila, ¿ya no es más que una figura honorífica? ¿Ya sólo le queda el sacramento del orden y nada más? ¿O eclesiológicamente queda un “algo” más?
Evidentemente, queda algo más que el sacramento. Pero ese “algo difuso” no es fácil concretarlo al modo canónico. Lo que está claro es que en una familia no puede haber dos padres. Pero también está claro que uno que es padre no puede dejar de ser padre. La paternidad no es un traje que ahora me pongo y después me quito. Eclesialmente hablando, o se es padre o no se es padre.
Monseñor Gänswein ha lanzado a rodar una cuestión eclesial que, de ningún modo, carece de importancia, pues profundizar teológicamente en este asunto será de grandísima utilidad para entender la figura, función y sentido de los obispos eméritos.
No pretendo, en este artículo, yo solo dilucidar este asunto, sino ser un autor más en esta reflexión que, sin duda, continuará con otros autores. En mi modesta opinión, la figura que da luz a esta situación es la figura del abuelo en una familia. La situación que ahora vivimos es totalmente paralela a la de un abuelo, ya debilitado por el peso de la edad, en una familia en la que existe un primogénito que, en la madurez de su edad, ejerce de paterfamilias.
La comparación me parece perfecta, porque muchas veces el patriarca fundador de una empresa llega un momento en que de manera formal y con todas las prescripciones legales cede el gobierno de la empresa a su hijo. ¿Eso significa que el abuelo-patriarca pasa a no ser nada? Desde luego eso no es así en la institución familiar humana y no debe ser así en la Iglesia que es una gran familia. De momento, quedémonos con esta imagen sin tratar de sacar más conclusiones.
Veamos otro ejemplo que puede dar luz. Imaginemos en el siglo I que un San Pedro muy anciano ya no puede ni salir de su hogar en Roma, porque las piernas no le sostienen y la ceguera ya no le permite reconocer los rostros. Y que, de común acuerdo entre el clero y el apóstol, se decide que otro clérigo ocupe el lugar de Pedro en el gobierno de la iglesia romana. Imaginemos que, por parte de Pedro, esa decisión de tener un sucesor ya en vida va acompañada de una renuncia formal a ejercer el gobierno sobre la iglesia romana. No sería lo normal en esa época. Lo normal sería una lenta y gradual sustitución de facto. Pero imaginemos que se produce una meditada y anunciada renuncia pública, en presencia del clero y el pueblo, al ejercicio del gobierno en favor de su sucesor. ¿Eso significaría que Pedro pasa a no ser nada? Evidentemente, no.
Pedro seguiría siendo Pedro aunque no gobernase. Del mismo modo que, actualmente, un obispo emérito sigue siendo sucesor de los apóstoles, aunque sea emérito. Es decir, un obispo emérito no sólo seguirá teniendo la potestas ordinis que le ha conferido el sacramento del episcopado, sino que también seguirá manteniendo su lugar en la Iglesia universal como sucesor de los Doce. Puede renunciar totalmente al gobierno sobre una diócesis, pero, en ese acto de renuncia, no abandona todo lo que conlleva ser sucesor de los apóstoles.
¿Un sucesor de Pedro deja de ser sucesor de Pedro por renunciar al gobierno? Evidentemente, no. Sigue siendo sucesor de Pedro, tanto como al principio de su pontificado, sólo que ya no ejerce el gobierno que asumió tras su elección. Cierto que siempre unimos el hecho de la sucesión apostólica al reconocimiento de la posesión de la autoridad para ejercer el gobierno eclesiástico. Y esa unión es correcta, pero, en sí mismos, son dos conceptos separables. Un presbítero que es ordenado obispo ya es sucesor de los apóstoles, aunque el Papa no le otorgara diócesis alguna donde ejercer potestas regiminis alguna.
El que ha sido Papa, seguirá siendo sucesor de Pedro no sólo hasta el final de su vida, sino también en el más allá. No porque imprima carácter, sino porque es un hecho. Por eso, un Papa emérito debe tener un protocolo de funerales (los novendiales) exactamente igual que cualquier otro Papa.
Hemos dicho antes que la figura del obispo es equivalente a la figura de un padre en una familia. Pero el gobierno de una familia es sólo una faceta de la paternidad. La paternidad la sigue manteniendo un padre, por muy anciano que sea, porque a eso no se puede renunciar. Ningún padre puede renunciar a ser padre.
De ahí que las palabras del Prefecto de la Casa Pontificia las veo totalmente verdaderas. El ministerio de Benedicto sigue siendo petrino. Ciertamente es un ministerio alargado, como el Prefecto afirmó. Un Papa emérito, en virtud de ese ministerio verdadero, puede dedicarse no sólo a la contemplación, sino también a hablar a sus hijos (no ha renunciado a la paternidad) y a aconsejar a su primogénito que ahora le sucede, como sería lo normal en cualquier familia.
Pero sobre todo su mera presencia es algo muy valioso, pues es signo de continuidad, de lo que significa la paternidad espiritual en la Iglesia. Es prueba de que la Iglesia es una familia. No una empresa en la que se puede prescindir de un director general, tras lo cual lo mejor es que éste desaparezca, yéndose a un lugar bien lejos del lugar donde se toman las decisiones.
En una empresa, la presencia de un antiguo presidente general (salvo que sea familia del nuevo presidente) se entiende como una intromisión, como una fuente de problemas, como un modo de dejar clara la decisión de no querer abandonar el gobierno. En la Iglesia las cosas no son así. La presencia de un Papa emérito en todos los actos a los que quiera asistir no sólo no eclipsa al “primogénito”, sino que lo orna.
No sólo eso, sino que si, en algún siglo, se produjera la situación de un Papa reinante sentado en su sede flanqueado de dos Papas eméritos esa imagen sería bellísima. En una situación así, la continuidad sería no sólo un concepto que se aprende en los libros con palabras, sino una verdad materialmente visible en las fotografías.
Por supuesto que cabe la posibilidad de un Papa emérito que crease problemas a su sucesor, por lo que dijera en sus predicaciones, por sus escritos que suscitasen confrontación con un Papa reinante, o por los comentarios a otros eclesiásticos si estos comentarios son mera crítica. En un caso así, el Papa emérito tendría que obedecer al Papa reinante, sin poder alegar ningún derecho proveniente de su figura de Papa emérito. En una familia, un patriarca que ha entregado el gobierno de la viña a su sucesor no puede retomar ese gobierno alegando que su sucesor hace mal las cosas. Lo mismo en la Iglesia, ninguna situación de excepción autorizaría a un Papa emérito a eximirse de la obediencia a su sucesor.
Incluso podemos indagar distintos escenarios límite que nos ayudan a comprender este status especial. Por ejemplo, si falleciese el Papa reinante y se diese posteriormente una situación de desorden excepcional durante la sede vacante, en una situación así de caos ¿podría un Papa emérito invocar su figura como sucesor de Pedro para imponer autoritativamente sobre otros eclesiásticos algún tipo de gobierno transitorio suyo hasta la elección de un nuevo sumo pontífice? La respuesta es no. La ley canónica es clara. El gobierno de la Iglesia en esos casos de sede vacante o impedida queda en manos del Colegio Cardenalicio.
Por muy excepcional que fuese una situación así, aunque se diese cada cuatrocientos años, un Papa emérito no podría esgrimir la autoridad de su figura para imponer su gobierno transitorio. Y eso por dos razones:

La primera razón es para que quede meridianamente claro que su puesto eclesial carece de toda potestad de jurisdicción. De lo contrario, la lista de posibilidades para ejercitar algún tipo de potestad de régimen sería interminable y siempre generadora de conflictos con otras autoridades como el Colegio Episcopal o el Colegio Cardenalicio. Aceptar la permanencia de algún tipo de autoridad de gobierno en un Papa emérito sí que sería internarse en un laberinto. Porque si se admitiera tal cosa, implicaría admitir que queda en su persona algo de esa potestad de jurisdicción. Y si es así, podría darse el caso de un Sumo Pontífice que renunciase parcialmente a su potestad de jurisdicción, reservándose algunos aspectos de esa autoridad, no cediendo algunos campos donde ejercerla.
La potestad de régimen o se posee o no se posee. Trocearla sería ir en contra de la voluntad de Cristo, cuya diseño organizativo de la Iglesia es claro en cuanto al ejercicio de la autoridad. A nivel de potestad de gobierno, o se es obispo de una diócesis o no se es. O se es Papa o no se es. Trocear la autoridad para ejercer el gobierno eclesiástico, sin duda, implicaría ir en contra de la voluntad fundacional de Cristo.
La segunda razón es que precisamente porque lo normal es que un sumo pontífice renuncie, porque el peso del gobierno ya resultaba demasiado oneroso para sus fuerzas. Si no podía llevar ese peso en una situación normal, menos podrá hacerlo en una situación excepcional. Por eso no sería adecuado que en una situación de mucha mayor dificultad sea el que ya no podía llevar ese peso, el que lo retomara de nuevo. Un pontífice así lo normal es que fuese totalmente manipulable por el grupo de los más cercanos a él.

Como se ve, la cuestión de un Papa emérito es eclesiológicamente apasionante. Después de todo lo dicho, se comprende la conveniencia de que la figura del Papa emérito vaya vestida exactamente igual que un Papa, puesto que, en verdad, es un sucesor de Pedro. Y si viste así también, lógicamente, conviene que siga manteniendo su nombre pontificio, el tratamiento de Su Santidad y que se le siga llamando Papa, aunque se le añada el adjetivo emérito.
Con toda sinceridad, sin ningún ánimo de elogiar protocolariamente, quiero felicitar a monseñor Gänswein por haber abierto a la discusión teológica esta nueva dimensión eclesiológica de la figura de los Papas eméritos. Sin duda, el Prefecto de la Casa Pontificia sabía que sus palabras iban a provocar un gran desagrado en la mayor parte de los eclesiásticos, salvo en los más radicales enemigos del Papa Francisco. Y, sin embargo, monseñor Gänswein optó por abrir la cuestión teológica desde la más completa fidelidad a los dos Papas.
Desde una perspectiva civil y mundana, desde una perspectiva de mero poder, un Papa emérito debería desaparecer. Porque aparecer se interpretaría como sinónimo de creación de problemas. Desde una perspectiva eclesiástica y, por lo tanto, espiritual, un Papa emérito sigue siendo sucesor de Pedro y sigue manteniendo su paternidad, y, por tanto, todo lo que haga de un modo constructivo será positivo.
Desde esta perspectiva, un Papa emérito no es una figura para ser escondida, no es una figura que deba sentirse culpable por aparecer. ¿Se siente culpable un abuelo por pasar mucho tiempo con sus nietos, por visitarles a menudo? Imaginemos un Papa emérito, no muy anciano, pero que no se siente con fuerzas, renuncia al gobierno de la Iglesia y decide regresar a un hospital de un lugar de misiones para seguir atendiendo a los enfermos con sus manos, cosa que hacía como presbítero. Pues, dado que es sucesor de Pedro, tal acción sería un modo de ejercer el ministerio petrino: Pedro cuidando a los enfermos.
Desde esta perspectiva, el estatuto del Papa emérito no plantea ningún conflicto, en cuanto a su futuro, incluso en el caso de que el que renunciase no fuera muy anciano. La única cosa que debe tener en cuenta, por simple prudencia, es que su labor debe ser constructiva, y que, en cualquier caso, está sometido al pastor que gobierna.
Teniendo en cuenta esto, un Papa emérito puede tener una frecuente presencia cultual en la Basílica de San Pedro; él solo, sin necesidad de que siempre esté presente el Papa reinante. Su presencia puede ser incluso semanal o más frecuente: en grandes pontificales, en el rezo de las horas canónicas con el capítulo de San Pedro, en la adoración al Santísimo Sacramento. Un Papa emérito puede ser el mejor ornato de la Basílica de San Pedro si sus fuerzas le permiten tomar parte en esos actos. También puede, por poner otro ejemplo, ejercer como consejero de cardenales y obispos. Ahora mismo recibir a muchos prelados sería visto con recelo por muchos, porque, sin darnos cuenta, aplicamos a la Iglesia criterios de poder mundanos.
El espacio eclesiológico que puede ocupar un Papa emérito puede ser muy rico, sólo limitado por sus posibilidades físicas. Aunque, en la mayoría de los casos futuros de Papas eméritos, su presencia será infrecuente precisamente por esa razón.
Con todo lo expuesto hasta ahora, no debería sacarse la impresión de que la jubilación de los Papas debería ser, a partir de ahora, algo frecuente y normal. No, porque, precisamente desde esta perspectiva de la Iglesia como una familia, un padre debe permanecer en su puesto hasta el final, a no ser que él en conciencia considere que ya no puede o no debe seguir en su puesto. No importa si está enfermo o muy anciano, dado que la Iglesia no es una empresa y no se rige por criterios de efectividad, lo ideal es que un Papa muera siendo Papa, aunque su volumen de trabajo disminuya con el tiempo.
Pero aunque lo más recomendable es que los Papas no se jubilen, si lo hacen, la presencia simultánea de un Papa-abuelo junto a un Papa-padre no plantea problema eclesiológico alguno. A pesar de todo lo dicho, lo normal será que un Papa emérito anciano no desee otra cosa que retirarse de cualquier aparición pública, estas reflexiones muestran como esta figura eclesial peculiar sigue manteniendo su ministerio petrino. Lejos de ser una figura problemática en la claridad del organigrama, es un elemento enriquecedor de la familia que es la Iglesia.

Posteriores reflexiones sobre el infierno: comentarios a los comentaristas


Hoy seguiré reflexionando sobre el infierno, ese lugar donde el dolor no purifica. Un comentarista anónimo me escribía: Si al final te salvas, mejor ir al cine que a misa.

Este comentario me parece, en su concisión, tan esclarecedor de una mentalidad muy generalizada que merece ser citado. Seguro que el comentarista no debe tener una idea tan simple de todo este asunto, pero muchos sí que tienen una relación con Dios y con la religión esencialmente instrumental: medio para lograr la propia satisfacción. Y en esta mentalidad el infierno es: no has cumplido con la ley, debes sufrir.

Las cosas son más complejas. Un poquito más complejas. Para empezar la relación entre ley y castigo que reina en este mundo no es exactamente la misma en este mundo que con un Ser Infinito que es infinito amor. Ciertamente, existe ley y castigo, pero los parámetros de aquí no son completamente idénticos al trasladarlos a la Voluntad Divina.

Otro me argumentaba el número de condenados en razón de que la puerta de la salvación era estrecha. Por una puerta estrecha, matemáticamente hablando, puede entrar un número infinito de personas. No es la estrechez la que hace que sea mayor el número de condenados; son otras razones.


El infierno es algo tan terrible que los creyentes sabemos que existe sólo porque Dios nos lo ha revelado.

martes, octubre 25, 2016

Más reflexiones sobre el infierno



















Me gustaría seguir reflexionando sobre los condenados al infierno. Si Dios no pusiera su mano, el condenado podría sumirse cada vez más en la tristeza y en la rabia. Es decir, ¿qué impediría que su odio pudiera aumentar sin fin durante toda la eternidad? Si esto sucediera, algunos condenados llegarían a abismos sencillamente increíbles de sufrimiento. ¿Qué impide un aumento eterno del dolor?

En un infierno dejado de la mano de Dios, esto podría ser. Pero tal pensamiento resulta intolerable. El peso de sufrimiento que se generaría resulta difícil de soportar para cualquier inteligencia que trate de imaginarlo y ponderarlo.

Parece más razonable que Dios ponga un límite a la tristeza y el odio a través de su intervención. De manera que el sufrimiento del estado sin Dios sea eterno, pero no creciente.


De lo dicho se observa que existen varios infiernos posibles. Éste que hoy he comentado sería abrumador. De entre todos los infiernos posibles, podemos esperar que Dios haya permitido que exista el menos doloroso para sus moradores.

lunes, octubre 24, 2016

¿Cuántos son los condenados en el infierno?

¿Nos podemos imaginar un Dios que creara almas y más almas a sabiendas de que todas acaban siendo pasto del fuego eterno? ¿Podemos imaginar un Dios bondad infinita que crea y sigue creando millones de almas para sufrir sin fin? Dios como origen de un río de almas que desemboca en un lago de fuego.
Evidentemente, no. Las cosas no pueden ser así. No se puede responder a esto con un sencillo: así lo han querido, así lo han decidido de un modo libre. Si las cosas fuesen así, Dios cerraría el grifo de la creación de espíritus. Dios crea para hacer felices.
Si la mitad de las almas creadas tuvieran como destino la condenación eterna, seguiría siendo una cifra demasiado elevada. Una cuarta parte seguiría siendo una cifra monstruosa. Una décima parte continuaría siendo una cantidad demasiado horripilante
Por puro sentido común, las cifras deberían estar por debajo del 1%. Permítaseme enfocar este asunto crucial desde un punto de vista tan subjetivo. Pero creo que el sentido común no es un mal enfoque de este tema. Un 1% es una cifra que comienza a ser razonable, pero sigue siendo enorme. Un condenado eterno por cada mil seres gozando felices es una cifra que me convence más.
Entre el uno por ciento o el uno por mil, es la segunda proporción la que me convence. Aunque la cifra del 1% comienza a ser razonable, es la cifra del uno por mil la que pienso que se aproxima a la realidad: ésa o alguna cifra por debajo de esa terrible proporción. ¿Uno por cada 5.000 espíritus? ¿O menos? ¿Quién lo sabe? Pero por ahí, tal vez, van las proporciones. Es la humilde opinión de alguien que lleva toda una vida reflexionando sobre la condenación eterna.
Perdóneseme el haber sido tan burdamente concreto en estas consideraciones. Pero si yo hubiera afrontado este interrogante de forma más “seria”, mi opinión no hubiera quedado tan clara. Qué terrible la opinión de aquellos que piensan que la mayoría de los hijos de Dios se condenan. Una mera cuestión de número como ésta, sin duda, deforma la idea que uno tiene de Dios. 

sábado, octubre 22, 2016

Los iluminati en la Casa Blanca y en la Iglesia


Hay algo muy profundo en la psicología del ser humano que siente un gran gusto por las historias de conspiraciones por parte de oscuros grupos secretos que dominarían el mundo entero. Grupos en la sombra que tendrían en sus manos el verdadero poder mundial.

Este tipo de historias son muy entretenidas para una película en la que el protagonista salve el mundo a través de persecuciones callejeras, algún disparo y otro tipo de pruebas que culminan en una gran lucha final entre el villano-jefe y el bueno del guión.

Esta suspensión de la credulidad no tendría mayor importancia que el divertimento si no fuera porque este tipo de fantasías van infiltrándose, cada vez con más frecuencia, en los documentales que podríamos llamar serios.

Los grandes canales de documentales (como History Channel) hace ya mucho que sucumbieron al encanto de la falsedad. El problema es que las conspiraciones jesuitas, los grupos templarios secretos, los masones y los iluminati cada vez van asomándose más y más (con apariencia de verosimilitud) en documentales de apariencia más seria.

Al pueblo fiel, los pastores debemos decirles que se dejen de cuentos infantiles: ni hay un grupo secreto infiltrado en el Vaticano ni el mundo está en manos de diez o veinte supervillanos. El párroco de su parroquia quizá sea un villano, pero lo será a nivel personal. No es el delegado territorial de los illuminati-templarios de la rama escocesa reconocida y reformada de los jesuitas ocultos presbiluteranos.

El presidente de su nación quizá sea un poquito inútil, pero no es un iluminati. Tal vez sea masón, eso sí. Pero puede estar seguro de que su logia no tiene control sobre él, más allá de lograr alguna concesión de obras o de meter en algún ministerio al sobrino tonto del masón-jefe.


Si usted cree que le han introducido un chip en la muñeca, vaya al dermatólogo a que le vean eso de la muñeca. Pero siempre cabe que el dermatólogo esté en el ajo. 

Además, la que sí que es posible que sea una masona de alto grado y muy peligrosa es su suegra: vigílela. Observe sus preguntas en las cenas de familia. La suegra, bajo la apariencia de preguntas inocentes, no da puntada sin hilo: ¡ojo!

Imaginando espíritus rebeldes



















Cuando hace unos días encontré esta imagen, la guardé para inspirarme si tenía que escribir acerca del Mal. Es una imagen que expresa lo oscuro, algo que está sucio y ensucia. No hay en esa forma la belleza de la armonía. Es una imagen que me inspira para escribir acerca de lo deforme, de lo tenebroso.


Esta imagen también nos muestra otra forma de imaginar un ángel caído. Sin alas, sin rostro, sólo deformación de lo que pudo ser bello.

viernes, octubre 21, 2016

El día que Google caiga en sus manos


En este evento anuncio mi separación de Estados Unidos, económica pero también militar, éstas han sido las palabras del actual Presidente de Filipinas en su encuentro con el presidente chino.

El problema no es Filipinas (291 mil millones de dólaresde PIB), el problema es que en los próximos diez años, uno a uno, vayan cayendo en la férrea órbita china todos los países de Asia, ya con un PIB de 10 mil billones. Situación que es lo más parecido a un verdadero agujero negro que atrae todo hacia sí, sin que los negocios ni las naciones puedan resistir su fuerza gravitacional.

Cuando llegó a Madrid el empresario chino Wang Jianlin y le dijeron que las normas del ayuntamiento impedían derribar la fachada del Edificio España, él dejó bien claro que él estaba por encima de las normas. Como el ayuntamiento no cedió, con toda razón, el empresario y sus inversiones se marcharon. Dentro de diez años, os aseguro, que no tendrá que marcharse.

El asunto de la fachada técnicamente era una tontería que no presentaba ningún problema solventarlo por otros medios. Pero él no aceptó que alguien le dijera que no a algo. Al marcharse, quiso dejar bien claro que él y los suyos estaban por encima de las normas.

China en varios aspectos internacionales ha dejado bien claro que las reglas no van con ellos. China, la dictadura más poderosa del mundo, debe ser mirada como lo que es: el peligro geopolítico más grande que existe en el mundo. Y todo Occidente debe empezar a poner reglas que vayan limitando de forma progresiva el impresionante flujo de oro que desemboca en una nación que es una gran empresa. 

China es una sola empresa cuyos planes de dominio económico mundial son evidentes. La candidez con que los políticos están abordando esta situación resulta incomprensible. Europa debe despertar de su plácido sueño (sueño del que se desangra económicamente) para sentarse y pensar qué hacer. La confrontación no es una solución. Pero seguir durmiendo, tampoco.


jueves, octubre 20, 2016

Los años de Sábado Cine


Hoy he escuchado un poco de la banda sonora de un film mítico del final de mi infancia: Oliver (1968). Lo echaron durante las vacaciones de Navidad, lo grabé en vídeo, nuestro primer vídeo (un Beta), y vi la película infinidad de veces.

Lo curioso es que recordaba la película sin letra. En esa época no entendía nada de inglés. Ahora escucho las canciones y, sorprendentemente, ya no es sólo música.

Los nacidos en mi época podéis daros un buen baño de nostalgia gracias a Youtube, donde esta película vive como si se tratara de  un Sábado Cine sin fin:



Qué bonito es ser niño: Cuando la película tenía momentos tristes, yo me ponía triste. Cuando tenía momentos alegres, yo me ponía alegre.

miércoles, octubre 19, 2016

Compensando


Debo hacerme perdonar el post de ayer, abstruso y largo. Ya os dije que era un artículo que estaba revisando y que colé en el blog. Así que hoy os voy a compensar con una noticia interesantísima, titulada El huevo del dragón. La podéis leer aquí:

martes, octubre 18, 2016

Eclesiología de la Santa Sede


Perdonad hoy un post largo, más bien un artículo extenso. Pero su longitud es fruto de algo meditado y revisado largo tiempo. Con gusto leeré los comentarios que se me hagan. Llegad al final sólo si el tema os interesa. Pues hoy el asunto no interesará a todos. Pero sobre todo me interesaría la opinión de sacerdotes y laicos interesados por la Teología que me queráis hacer en la sección de comentarios.
En mi obra Neovaticano exploro una posibilidad que no he leído en ningún otro autor: la posibilidad de diferenciar de forma clara algunos elementos eclesiales que ahora están mezclados, mezcla que les obliga a andar a la par y a mantenerse en un razonable término medio.
En mi libro citado quedaban diferenciados la persona del Santo Padre, la Curia Romana y el enclave del Celio. En Neovaticano la Curia no se agranda más en sus atribuciones, pero sí que adquiere una presencia eclesial más clara, más sustancial. No manda más ni interviene más, pero queda más claro que la Curia no es una mera extensión del pontífice, sino que, dado su desarrollo, es más como un órgano del cuerpo, otro más. ¿Un prefecto, por ejemplo, de la Congregación para la Doctrina de la Fe tiene que ser un mero ejecutor de las consignas papales? ¿Si no es así, estaría ejerciendo mal sus funciones? ¿Todos los prefectos deben ser meras correas de transmisión de los enfoques pontificios?
¿No harían mayor bien a la Iglesia ejerciendo bien sus funciones, pero tratando de hacer lo que es correcto, después de atender del modo más obediente posible los deseos del Santo Padre? No estoy planteando que lo mejor sea  un término medio entre la obediencia ciega y la abierta disidencia. No. A lo que me refiero es que, una vez nombrada la cabeza de un dicasterio o un consejo pontificio, no se puede ver a esos pastores (también los prefectos son pastores) como meras correas de transmisión de otra voluntad. Una Curia de pastores, de grandes profesionales, de expertos teólogos puede y debe tener entidad por sí misma. Sus pastores siempre deben obedecer, pero deben dar su juicio de forma totalmente independiente. La Curia es un órgano del cuerpo eclesial. La Curia no es la cabeza de ese cuerpo. El Vaticano no es una cabeza (el Papa) con meros transmisores de consignas. Sino que está compuesto por pastores bajo un sucesor de Pedro. La afirmación de que en el Vaticano hay un solo pastor, reduciría a los demás al estatuto de engranajes.

Pero para acabar de hacer más interesante el panorama de lo posible, en mi obra Neovaticano la Curia está radicada físicamente en el centro de un enclave llamado Celio. Distinguiéndose completamente entre la Curia y el Celio, el cual era el escenario planetario de las grandes liturgias, un verdadero micromundo de protocolos y rituales. ¿Qué aporta el tercer elemento de esta armonía dinámica? Pues si se organizara de esta manera, el Papa (si así lo desea) puede optar por vivir del modo más sencillo posible en sus dependencias vaticanas. Mientras que la Curia estaría a medio camino entre la sencillez vaticana y el mundo ritualístico y protocolario del Celio. Cada cardenal, cada monseñor, sería muy libre de vivir de un modo más simple y franciscano o de involucrarse más en ese micromundo del Celio que también cumple una función en la Iglesia.
Considero que la relación dinámica entre estos tres elementos sería apasionante. La persona del Papa que será lo que quiera ser con toda libertad: sencillo o barroco, ritual o espontáneo, tradicional o innovador. La Curia como órgano de servicio a la Iglesia a través del seguimiento de las directrices de gobierno dadas por la persona del Santo Padre, pero consciente de su propia entidad. Una Curia cuyos miembros contarían con total libertad para seguir una línea más franciscana o más célica. Y, finalmente, el Celio como entorno de la Curia y que tiene un encargo muy concreto dentro de la Iglesia, el encargo de mantener un verdadero microcosmos cultual y estético.
Estas diferencias estéticas pueden ser símbolo también de diferencias de aproximación a los problemas y cuestiones eclesiales. Por citar un ejemplo, la posibilidad de un Papa reformador, una curia más tradicional y un Celio totalmente conservador.
Neovaticano me pareció una obra de experimentación eclesial. La hipótesis de una compartimentación en la cúspide de la Iglesia: la persona del Santo Padre, sus colaboradores que forman la Curia, y el escenario donde se desarrolla la actividad de esos dos primeros elementos. Escenario que en mi obra pasa a ser un elemento con sustancia per se.
En todo esto, veo una simetría muy notable con la biología. La cual crea ranitas pequeñas y encantadoras, aunque también colosales dinosaurios que son el asombro de hasta donde se puede llegar en el desarrollo de las leyes que rigen la anatomía. Dios ha creado la rosa y la secuoya, el faisán y el gorrión.
No tengo la menor duda de que la Iglesia no seguirá un camino único. Con lo dicho yo no abogo por una Curia que va por libre, por una Curia autónoma, no. Pero la Curia no es un órgano al servicio del Santo Padre. La Curia está al servicio de la Iglesia bajo el gobierno del Santo Padre, no es lo mismo. Lo mismo pasaría con el Celio. La existencia de ese escenario de grandes cultos estaría garantizado por el hecho de que cumple una función eclesial. Dotarle de entidad per se garantizaría su estabilidad.
Es decir, sin cambiar el status eclesiológico de la Curia, podemos tomar decisiones que le concedan una presencia más sustancial en la Iglesia (insisto, sin mandar más, sin intervenir más; siempre en obediencia), o hacer de ella un órgano casi invisible que apunta de forma casi exclusiva a la persona del Santo Padre. Creo que el camino adecuado es el primero.
Esto iría en la línea de la descentralización. Hemos logrado mantener una Iglesia descentralizada; y, sin embargo, obediente.  Una curia vaticana radicalmente centralizada no sería el camino adecuado. Honestamente, lo digo con sinceridad, no creo que ahora la Curia esté inadecuadamente centralizada. Pero debemos profundizar más en una especie de eclesiología de la Santa Sede. En este sentido van las excelentes declaraciones del Cardenal Müller cuando, en una ocasión dijo con toda razón: No me eligieron para ser una copia servil del Papa.
Lo que he dicho puede parecer innecesario. Pero de estar en ese puesto de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe una persona u otra, cambiaría mucho la actuación ante cuestiones verdaderamente esenciales. Y si eso pasa con las personas, lo mismo con los enfoques. De tener un enfoque a otro, puede uno considerar que ejercer bien el cargo es ser obediente de un modo servil. Se puede ser obediente y respetuoso sin caer en la servilidad. Se puede ser muy obediente, pero de forma menos noble.

¿La curia vaticana que tenemos ahora es la única curia posible? La respuesta es no. Se pueden hacer más cosas que simplemente elegir a las personas que van a ocupar la cima de los dicasterios y consejos. Aquí quiero recordar mi libro El león y las llaves u otra obra mía titulada Torres góticas. Darle vueltas al tema de la líneas eclesiológicas que pueden regir el desarrollo de la Santa Sede es útil y beneficioso, porque siempre hay monseñores que creen que sólo es posible una determinada Curia Romana. Si se piensa así, se obra de una manera intelectualmente inflexible.
Perdonad que apele tanto a mi libro Neovaticano, en el fondo el presente artículo es una reflexión sobre la eclesiología de esa obra. En ese libro mío no sólo existe esa triple división entre Curia y escenario, o entre Curia y Templo. Sino que la Iglesia ha dividido de forma clara entre Vaticano y Celio. O dicho de otro modo, en ese libro, por un lado se da una relación estrecha entre persona del Santo Padre y su escenario natural que es el Vaticano. Y por otro lado, existe una relación peculiar entre la Curia y su escenario que sería Celio.
Una Curia Romana que se moviera entre esas dos realidades, la del enclave en la que está situada (el Celio) y la de la persona del Santo Padre, sería una curia con mayor entidad. Lo que digo puede parecer que es una entelequia sin mucho sentido en la vida real, pero permítaseme poner un ejemplo de la vida civil inglesa: la Cámara de los Lores debe lealtad al soberano, pero esa cámara nunca ha entendido su propia entidad, su propio peso, como un desdoro del honor del monarca ni como un peligro a la obediencia debida.
En esta situación, ¿el escenario curial, un entorno propio, el Celio, sería importante? Sin duda, sí. Lo mismo que en la forja de la imagen del papado ha sido esencial arroparlo de su propio entorno adecuado, así también la Curia convendría que estuviera dotada de su propio entorno. Un entorno que la hiciera consciente de su importancia en el cuerpo eclesial. Y cuando digo “entorno”, me estoy refiriendo a un conjunto de protocolos, de rituales, de estética que concienciara de su propio lugar en la Iglesia.

La situación actual de una curia invisible no expresa la realidad eclesiológica de este órgano, no expresa la transcendencia de sus funciones. Con esta situación actual, la impresión, la imagen inconsciente, es la de un Papa que lo es todo, que lo hace todo, que se encarga de todo, que ordena como un coronel en su cuartel y los soldados corren a poner por obra sus órdenes. Ésta no es la verdad eclesial de esa institución junto al Papa, pero que ella misma no es el Papa.

domingo, octubre 16, 2016

Hoy comida polaca


Hoy he tenido comida polaca. Tengo mucha amistad con una amable familia de ese precioso país de nieve y bosques. La esposa siempre viene a misa a la capilla donde celebro. El caso es que hoy esa familia me ha invitado a comer, también a invitado a sus amigos. Todas las recetas eran típicas de su país. Un plato eran grostrerkrimpkaya envueltos en hoja de coliflor y otros los frustemplestinsky o empanadillas hervidas rellenas de carne y setas. Quizá la transcripción de las palabras no sean del todo exactas. Pero todo estaba muy rico.

Lamentablemente el gato de la familia era muy gruñón. En la comida también había dos mexicanos y un francés. El salón tenía el nivel 10 de catolicidad. Ese nivel se alcanza cuando ya no hay un metro cuadrado de pared en el que poner otro cuadro religioso, ni hay un trocito de estante donde apoyar la imagen de otro santo.

Por supuesto, me pidieron que bendijera la casa. Estoy seguro de que era la cuarta o quinta bendición sacerdotal que se superponía sobre esas habitaciones. Cada cura que pasó por allí debió bendecirla una vez más. Sin ninguna duda, los demonios huyeron de esa casa hace ya años para no volver. Debieron hacer las maletas para siempre después que entrara el cuadro religioso nº 84 y la tercera bendición.

Así que tranquilos y de excelente humor reímos y comimos durante largo rato. Mis chistes sobre canónigos hicieron furor. Sobre todo el del canónigo que va al oftalmólogo de Podemos.

sábado, octubre 15, 2016

Cuatro ínfulas a mis espaldas: mi obispo, mi primer obispo y un servidor


Hoy hemos celebrado el 25 aniversario de la restauración de la diócesis de Alcalá de Henares. Ha sido muy bonito ver a dos de los tres obispos que ha tenido la diócesis. Qué pena que un compromiso haya hecho que don Jesús Catalá no pudiera estar. Ver a los tres sentados juntos hubiera sido mucho mejor. También ha sido un acierto hacer una procesión desde el Palacio Arzobispal. Me gustaría hacer varias sugerencias:


1.  Todas las concelebraciones con más de setenta sacerdotes sería muy buena idea que comenzaran con una procesión como la de hoy. Y mejor todavía si se usara la mejor cruz procesional. En el museo también está bien, pero a las cruces procesionales les gusta que las saquen de vez en cuando.

2. Demasiada luz. La penumbra ayuda a la oración. Si quieren pueden encender todas las luces tras la consagración. Pero con tantas luces encendidas resulta inevitable que no haya un foco que te dé directamente a los ojos, como ha sido mi caso.

3. Es al clero al que hay que situar en los escaños de los canónigos. La costumbre de colocar allí a los coros, aunque muy repetida en las catedrales resulta abominable.

4. Ya que nos reunimos, dado que muchos han venido de tan lejos de la diócesis. Sería bueno que el obispado hubiera puesto unas tortillas de patata y unas coca-colas para que pudiéramos charlar un rato y vernos. Ninguna diócesis se ha arruinado por poner veinte tortillas de patatas. Eso sí, ¡¡sin cebolla!!

Me ha gustado la celebración, mucho. Pero, claro, yo preferiría algo con más boato, con más grandiosidad. Ideas no me faltan acerca de lo que yo haría, pero nunca llueve a gusto de todos. Lo que a un cura le gusta a otro le disgusta. 

viernes, octubre 14, 2016

La Fortaleza del Dogma


Hoy os voy a descubrir un poco mi corazón y mi mente respecto a un asunto papal: cuando leo y reflexiono Amoris Laetitia tengo la tendencia a enfadarme. El enfado me viene también con algunas actuaciones pontificias.

Qué duda cabe que en la Iglesia hay dos corrientes ortodoxas, una más tradicional y otra más progresista. No cuento los grupos que han caído abiertamente en la heterodoxia (como muchos de los autores que se saltan el Magisterio) o que han roto con la comunión de la Iglesia (como los tradicionalistas lefevbrianos).

Pero, dentro de la catolicidad, existen dos tendencias, eso resulta innegable. Que el Papa actúa de acuerdo a sus tendencias progresistas está fuera de duda en nombramientos episcopales y en otros temas.

Nada de reprobable hay en ello. Benedicto XVI era tradicional y gobernó de acuerdo a sus personales preferencias. Cada Papa siempre actuará según sus preferencias, que a veces son diametralmente distintas a las de otro. No existe un gobierno neutro y aséptico. En una empresa de refrescos es posible gobernar neutralmente, pero al regir una parroquia no. Lo mismo al gobernar la Iglesia universal.

Ahora bien, lo mismo que os descubro mis rabietas internas ante tal o cual nombramiento episcopal, ante tal o cual afirmación del Papa, también os digo, con toda sinceridad, que después lo medito, lo llevo a la oración, y es como si Dios me dijera que repare en lo que hay de verdad en lo que el Papa dice.

Tendemos a pensar en bloque: me gusta o no me gusta, ortodoxo o heterodoxo, éste está queriendo destruir la Tradición de la Iglesia o este otro es una roca de la ortodoxia. Pero debemos agradecer cuando un Papa reta nuestras proposiciones y nos hace ir más allá de lo pacíficamente aceptado. Este tipo de situaciones son un reto intelectual y teológico.

El Papa no ha dicho nunca nada heterodoxo y se morirá de viejo sin hacerlo. Pero cuando me enfado, cuando tengo la tentación de pensar que es un progresista destructor, ¿acaso no trata él de hacer reflexión teológica de lo que tantos sacerdotes ortodoxos hacen en sus confesionarios, en sus conversaciones personales? No estoy diciendo que sea lícito para la praxis negar por vía de los hechos lo que el Magisterio afirma en la teoría. No. La praxis debe ajustarse a la doctrina.

Lo que estoy afirmando es que quizá Dios está tratando de decirnos algo, de enseñarnos algo nuevo sin negar nada de lo viejo. Quizá nos esté enseñando a ser progresistas dentro de la Tradición. ¿Eso significa que el Papa sea perfecto? No.

Pero nosotros, como hijos, debemos verlo como un padre. Debemos atender sus palabras para ver qué nos descubren de nuevo. No leerlas en búsqueda de lo que es criticable: entonces sí que no aprenderemos nada.

Debemos ver la Mano de Dios en todo. Ahora Dios ha abierto una nueva etapa. Glorifiquemos a Dios en ella. No nos convirtamos en personajes que se creen salvadores de la Iglesia. Escuchemos, veamos qué hay de verdad en lo que nos dice el Papa. Escuchemos con buen corazón, de un modo filial. Ya os digo que no hay nada contra la Fe en él.


Dios es Dios, y sólo Dios es Dios. El Papa es falible. (Además, creo que éste es un progresista.) Pero es el padre que preside a la familia en la tierra. A ti y a mí, sólo se nos pide que no faltemos a la caridad, ni siquiera de pensamiento.